Óscar Urbiola:

Hay que redefinir la sexualidad.



Las nuevas formas de sexualidad pueden ser una forma de autoconocimiento y de transcendencia que ya se cultivaba en la sexualidad sagrada.


El mundo y el ser humano están en constante cambio y esto hace que pautas y maneras de ser y de hacer en un momento dado de la historia ya no valgan en otro. Y la sexualidad forma parte de esta forma de hacer y de ser. Óscar Urbiola ha realizado una extensa y profunda investigación sobre la sexualidad a lo largo de la historia que ha plasmado en su libro "Nuevas formas de sexualidad" (Ed. Psimática). En esta entrevista comparte con nosotros algunas de sus reflexiones.


¿Dónde se encuentran lo sagrado y lo sexual? ¿Qué tienen en común?

Me resulta difícil explicar en pocas palabras la relación entre lo sagrado y lo sexual. Pero para abrir el apetito, y para invitar al lector a una mayor profundización después de esta entrevista, diré que lo sagrado y lo sexual pueden llegar a encontrarse en varios puntos. Uno de ellos es, por ejemplo, en el orgasmo. Orgasmo es un neologismo derivado del griego orgasmós, de orgádo (estar lleno de ardor), de orgué (agitación interior que enciende el ánimo). Y no podemos menos que mencionar las experiencias místicas de Santa Teresa y otras personas consideradas santas por la religión católica y relacionarlas lingüísticamente con la descripción y la experiencia del orgasmo. A muchos autores les ha llamado poderosamente la atención que el lenguaje de los místicos esté, a veces, tan cargado de declaraciones y manifestaciones eróticas y/o sexuales. Éxtasis místicos y éxtasis sexuales son casi imposibles de diferenciar por los testimonios de los protagonistas. Esto no nos debe extrañar, ya que desde un punto de vista neurológico las regiones que presumiblemente son la base de las experiencias de arrobamiento espiritual, como el hipocampo y la amígdala, poseen numerosas conexiones con el hipotálamo, que controla la conducta sexual del organismo. Si asumimos que una experiencia mística se debe a una mayor actividad de estas regiones, podemos también suponer, como bien lo hace Francisco J.Rubia, que esta excitación se traslada a regiones del hipotálamo encargadas de la conducta sexual, produciendo ese fervor erótico-sexual tan característico de las experiencias místicas. El éxtasis es una pérdida de control. Es, por ello, un estado alterado de conciencia. Y los estados alterados de conciencia siempre han sido considerados previos al contacto con la divinidad. Por otro lado, independientemente de lo anterior, el acto sexual crea vida, una característica que al principio sólo se atribuía a Dios y a su sagrada intervención. Podría decirse, entre otras muchas cosas, que la sexualidad, su función, sus consecuencias... fue en el pasado un gran misterio, y todo misterio se diviniza o se demoniza. En la antigüedad la sexualidad se divinizó (surgiendo la sexualidad sagrada), aunque posteriormente, en la larga edad media se demonizó.

En la religión hindú, la sexualidad es inseparable de la religión, pero también en el taoísmo chino la unión espiritual se expresa a menudo en términos sexuales...


 

En las orgías de la antigüedad (¿y aún hoy en algunas culturas?), el sexo no es más que un elemento y no el más importante. ¿En qué consiste exactamente este tipo de celebración? ¿Cuáles son los otros elementos?

   En la antigüedad el sexo durante la celebración orgiástica era una parte del ritual. Sermones, cánticos, plegarias, gestos, representaciones teatrales, bailes y danzas descritas por algunos como muy atrevidas... eran algunos de esos otros elementos; y, claro que sí, también sexo. Si hacemos un repaso histórico de las celebraciones orgiásticas en la antigüedad es fácil saber en qué consistían algunas de ellas. Leer algo de las Bacanales, de las Fiestas Dionisíacas, de las Lupercales, las Saces, la fiesta otoñal llamada Kholo, las Halôa, las Sthénia, las Adonia (estas tres últimas exclusivamente femeninas) nos servirán como ejemplo, aunque sólo en parte. En ellas, el carácter y significado religioso solía ser fácilmente observable. Los papeles sociales podían, en cierta medida, no ser tan estrictos. La alta sociedad podía mezclarse con la baja... y sorprenderse de algo durante las mismas era difícil. En las fiestas dionisíacas, por ejemplo, incluso se llevaba un falo en procesión, tal y como posteriormente hemos hecho con nuestras imágenes sagradas. Algunos participantes se disfrazaban. Algunas mujeres de hombre y algunos hombres de mujer. La música se iba animando y poco a poco aparecía el vino. En todos los festejos se dan rasgos similares: Una reunión material de los miembros del grupo social en determinados lugares; el orden social habitual se agita, se altera, se desordena y se adopta un nuevo orden festivo en el que se exime a los individuos de algunas obligaciones y se permite hacer algo prohibido pues se levantan ciertos vetos y tabúes sociales.

   En los actuales  diccionarios de sexología la orgía se define como aquella fiesta en la que abundan todo tipo de placeres, especialmente los sexuales. Sin embargo, más atrás en el tiempo, el término griego orgía significaba rito religioso, aunque bien es cierto que muchas de esas ceremonias y cultos, como ya he mencionado, incluían igualmente abundancia de placeres, entre otros, los sexuales.

   La antropología nos dice que los ritos y fiestas orgiásticos del pasado (siempre colectivos) tenían un significado que superaba todo lo que tuviera que ver con el amor o la sexualidad profana y libertina. En la fiesta orgiástica los participantes se conducían por otros objetivos y motivaciones. Es muy significativo que la palabra orgía, que se ha terminado asociando únicamente al desencadenamiento de las pasiones y a la sexualidad, pudiese estar asociada en el origen al adjetivo sagrado: las sagradas orgías. Durante mucho tiempo fueron un acto de respeto hacia las cosas sacras, no siendo libertinas ni deshonestas. Se trataba, sobre todo, de una práctica de respeto y sumisión hacia la religión del momento o hacia las creencias y normas establecidas que estructuraban la sociedad.

   El sexo (ya fuese alegórico, simbólico, figurado o practicado realmente) era un acto más de los muchos y necesarios que formaban la ceremonia ritual. El sexo en tales ocasiones era algo necesario que había que cumplir por razones teológicas, para obtener lo que con todo el ceremonial se pretendía: dar gracias a los dioses, o a un dios particular, pedirles algo, cohesionar la identidad grupal y transmitirla, aprovechar los beneficios que el caos controlado y el desorden puntual, purificarse, obtener la fertilidad de los campos o de las mujeres...


 

Dice que el objetivo del sexo en grupo en la actualidad es "más que jugar". ¿Cuáles son los objetivos?

   Mi investigación entiende este tipo de relaciones entre parejas swingers como una actividad social, como un modo de vinculación social, como una manera, entre otras que ya existen, de relacionarse con los demás (solo que en ésta, además de otras cosas, se incluye también sexo). Vamos a los bares a relacionarnos, a vincularnos con los demás. Lo importante de los sábados y los domingo a la tarde no sólo es el partido de fútbol en el bar de la esquina en pantalla gigante, sino el relacionarnos con los demás mientras lo vemos, en vivirlo junto a los otros, el poder comentar las mejores jugadas con personas que tienen las mismas aficiones... En el sexo en grupo ocurren cosas parecidas. En él, lo más importante no siempre y en todas las ocasiones es el acto sexual, sino el poder realizar nuevas amistades o ver a las ya establecidas. Relacionarnos con ellas, ir a cenar varias parejas juntas, reír, charlar... es decir, socializar. ¿Para qué? Para superar el problema de la separatividad; para acercarse al mundo de Dioniso; para aprovechar los beneficios que el caos controlado y el desorden puntual pueden aportar a sus vidas; para jugar (pues se vive cuando se juega) y purificarse (desde un punto de vista de la convivencia diaria, que se vuelve rutinaria); por curiosidad; por incluir en su vida un poco de aventura; por experimentar el riesgo sano; por tener memoria; por variar; para que nada cambie; para relacionarse de una manera diferente con otros miembros de la sociedad ampliando así su vida social; para llenar una fisura existencial... Todos estos puntos, claro está, habría que explicarlos con detalle, habría que recurrir a las páginas del libro.


 

¿De qué manera el sexo produce (o puede producir) estados de conciencia más expandidos? ¿Qué papel juega la mente?

   Yo voy a misa y no siento que el Espíritu Santo penetre en mi a través de las palabras del sacerdote. Pero mi abuela sí que lo sentía. Para mí, la misa es un entretenimiento intelectual, para mi abuela era toda una experiencia de limpieza y purificación realmente efectiva en su particular caso, motivo por el cual todos los días asistía. Y nuevamente tenemos que hablar de la actitud, de un acto de voluntad, de un querer vivir algo de determinada manera, de un estar predispuesto, de un querer sentir, de un desear.

   El mero acto de practicar sexo en solitario, en pareja o en grupo no asegura ni garantiza poder revivir el tiempo sagrado, no asegura un estado de conciencia alterado. A veces, la mente juega un papel tan importante que el que no cree no ve y no siente. No es lo que hacemos sino la razón por la cual lo hacemos lo que confiere al acto un significado que puede llegar a transformarnos.

   Por otro lado, el trabajo personal es importante, quien no trabaja la relación sexo-estado de conciencia alterado difícilmente podrá sacar algo provechoso de ese vínculo. En occidente no trabajamos esa correspondencia, aunque intuimos que el sexo nos puede dar algo más de lo que actualmente obtenemos de él. Y posiblemente esté ocurriendo que inconscientemente andemos buscando en la actividad sexual algo más que sólo placer genital.  

 

¿Puede ser el sexo también una forma de autoconocimiento? ¿De qué manera?

   Muchas actividades pueden ser una forma de conocimiento en general y de autoconocimiento en particular. El sexo y la sexualidad bien pueden ser un ejemplo de ello.

   El sexo es un interesante tema de estudio porque, entre otras muchísimas razones, a través de la actividad sexual y de lo que cada pueblo cree sobre ella han sido, y son en la actualidad, regulados múltiples aspectos organizativos de las sociedades humanas. Por ello, y de esto ya fui consciente en mi anterior libro (Enciclopedia del sexo), estudiar el sexo y la sexualidad es algo más que saber sobre posturas amorosas, es, en el fondo, estudiar al propio ser humano. Y en eso mismo consiste este libro, en el estudio de la especie humana a través de su sexualidad y de su vivencia de la misma.  

   Introducirme en la historia de la sexualidad ha sido toda una aventura. Y ha sido así porque el sexo, la sexualidad, lo toca todo, toca todos los terrenos de la existencia humana. Y, a su vez, se ha visto influida por infinidad de factores. De tal forma que recopilar una historia de la sexualidad ha significado introducirme en el mundo del arte pictórico y escultórico, introducirme en el mundo de la mitología de los cinco continentes, de la religión..., enterarme de los descubrimientos más vanguardistas en biología y neurobiología, profundizar en la antropología, la psicología y la sociología... Todo ello me ha hecho ver que la sexualidad ha sido tenida, desde siempre, algo muy importante para el ser humano, uno de los asuntos más importantes. Como decíamos al principio, uno de los motores de la historia. Y que el estudio de la misma es, en realidad, un estudio del ser humano en toda su dimensión y, por extensión, también una forma de autoconocimiento.

 

¿Cuáles son los límites del sexo en soledad? (Donde no puede llegar respecto al disfrute, el autoconocimiento, la transcendencia) ¿Qué te aporta que no te ofrece otra fórmula?

   El sexo en soledad suele responder a motivaciones muy variadas que laten en lo profundo de la personalidad del practicante, algunas de las cuales apenas las conoce o vislumbra con claridad. Hablando sólo del deleite físico, Catherine Millet relata encontrar en la masturbación un gozo que, a veces, supera en placer a la relación sexual con un hombre. Según ella y su vivencia, en privado controla el ascenso de su placer casi en un cuarto de segundo, lo que no es posible cuando tienes que tener presente el itinerario que recorre el otro y el hecho de que dependes de los gestos del otra persona, no de los suyos propios.

   Por un lado la masturbación, como opción a combinar, tiene sus propios beneficios frente a otras modalidades. Y en ese sentido hay que defenderla. Por poner algunos ejemplos que menciono en mi anterior libro podríamos decir que siempre termina en el orgasmo si eso es lo que se desea. Es una liberación física y emotiva, un medio de aliviar la tensión. Está al alcance de todos. Es privada. No requiere de compañía. Se lleva a cabo con facilidad. Es breve. No hay presiones para esmerarse. Casi siempre puede recurrirse a ella y requiere sólo de un cierto grado de aislamiento. Carece de complicaciones. No acarrea consecuencias dolorosas ni calamidades. La masturbación es, además, sedativa, analgésica... Con ella aprendemos a valorar nuestros propios genitales y a disfrutar de nuestra propia excitación u orgasmos. Puede servir para sentirse sexualmente independiente, además de ser una excelente preparación para posteriores relaciones sexuales en pareja. Si podemos disfrutar de nuestra propia sexualidad (masturbación) y lograr cierto grado de independencia y confianza sexual estaremos en mejor posición para hacer una elección consciente en nuestra próxima relación sexual, en lugar de apresurarnos a establecer una pareja poco satisfactoria por desesperación o frustración sexual.

   Por otro lado, no podemos olvidar que la masturbación es sólo una parte de nuestras posibilidades sexuales. Y ocurre que si bien una vida sexual basada exclusivamente en la masturbación es viable, quizá no sea deseable, pues ocurre entonces que nos perdemos la aportación del otro o de los otros, que también es fundamental. Al carecer de forma perpetua de partenaire que ofrezca al protagonista una referencia de su realización sexual, el conocimiento propio se ve restringido a fantasías nunca contrastadas sobre uno mismo.

Pero donde radica una ventaja se encuentra también su mayor limitación: la masturbación es gratis en todos los sentidos, ya que no cuesta dinero ni requiere tener en cuenta a otra persona ni hacerse cargo de sus sentimientos; es decir, en términos de economía psíquica, no cuesta nada. Sabemos que las relaciones maduras entre los adultos siempre conllevan un cierto coste, bien material, amoroso, emocional, etc., por lo que la masturbación, cuando es la única forma de satisfacción sexual, es una práctica que pertenece al ámbito anterior a que el niño crezca y salga del ámbito materno, donde toda dádiva es gratuita, para ser un adulto en el mundo de los adultos, en el que todo tiene un cierto coste.

 

¿Cuáles son los límites del sexo en pareja? ¿Por el contrario, qué te aporta que no te ofrece otra fórmula?

   Señalaría que el sexo en pareja encuentra sus límites en las características personales y la manera de relacionarse de los dos miembros de la pareja; cuando la pareja se abre sexualmente a otras parejas, la calidad de su sexualidad se amplía al verse enriquecida por las aportaciones de los demás.

   ¿Cuál es la mayor aportación del sexo en pareja? Difícil hablar de ello brevemente... Cuando una pareja vive su sexualidad privada de manera saludable, esa sexualidad bien puede constituir una de las bases de su unión profunda, de su intimidad y su vinculación exclusiva amorosa, es decir, puede ser una de las bases o cimientos que mantienen unida a la pareja y le da unidad ante el mundo externo. Ahora bien, también es cierto que las parejas swinger suelen declarar que su sexualidad privada se mantiene viva y saludable gracias no sólo a lo que ambos hacen en la intimidad del dormitorio, sino también, y en buena medida, a sus prácticas de apertura sexual a otras parejas.

 

¿Cuáles son los límites del sexo en grupo? ¿Qué te aporta que no te ofrece otra fórmula?

   El sexo en grupo o el intercambio de parejas está al servicio del bienestar de las parejas que lo practican por deseo propio y llega hasta donde las parejas deciden que les hace bien. Cada pareja define y pone los límites del grado de entrega sexual y emocional que deciden que les hace bien.

   En mi investigación he encontrado algunos beneficios del sexo en grupo para parejas que lo llevan a cabo por deseo y voluntad propia. Por ejemplo, una aportación de enorme trascendencia del sexo grupal y el intercambio es que genera una intensa y renovada comunicación entre los miembros del dúo estable, pues tras cada encuentro con terceros suelen hablar en detalle de sus vivencias personales, lo que les hace conocerse y unirse más, y además han de pactar y acordar los límites de sus prácticas swinger. En general, el estilo de vida swinger aporta un enriquecimiento personal, emocional, vivencial, relacional, etc., a la vida de la pareja. Las parejas swinger practican el sexo grupal o el intercambio sexual como una manera de abrir, refrescar, enriquecer y cargar las pilas de la pareja.

 

Dice que en la mayoría de parejas exclusivas (monogamia sexual) acaba imponiéndose "el sexo por el sexo", el placer puramente genital. ¿Esto puede conducir al aburrimiento y a la falta de interés? ¿Cómo salir del  sexo por el sexo? ¿Cómo enriquecerlo?

   Cualquier pareja de larga duración debe afrontar, más tarde o más temprano, el inevitable asunto de la rutina sexual. Rutina que antes o después conduce al aburrimiento y éste a la falta de interés. Y expongo en el libro que es muy posible que el sexo por el sexo, esa actitud tan mal vista, se dé en la exclusividad sexual practicada durante demasiado tiempo cuando ya han aparecido la monotonía y la rutina, pues, en muchas ocasiones, en la misma acaban por no encontrarse alicientes, ni motivaciones, ni necesidades comunes, ni proyectos, ni significados. Sucede que, en demasiados casos, en el matrimonio monógamo que no se ha ocupado de enriquecer su vida sexual, la sexualidad ya no es ni siquiera un acto de comunicación, tal y como informan muchos sexólogos y terapeutas de parejas.

   La vida sexual que actualmente llevan muchas de las parejas estables (hablamos mayoritariamente de parejas casadas y de hecho) se podría resumir en sexo por el sexo. No hay nada más. Se busca únicamente el placer genital. El sexo entre ellos carece de significado más allá del deleite experimentado en los órganos sexuales. Y no está mal, pero que quede claro que la carencia de sentido metafísico, la falta de significado, es una actitud que bien puede nacer y desarrollarse con facilidad en la exclusividad sexual perezosa y en la despreocupación por el enriquecimiento de la vida íntima, no atribuible (al menos no siempre y en todos los casos) a otro tipo de prácticas como el sexo en grupo y los intercambios. En éstas, por el contrario, el objetivo principal no es solamente el placer sexual, aunque sin lugar a dudas sea también uno de los intereses. Me ha parecido que en estos voluntarios intervienen muchísimas más emociones y sensaciones, objetivos, fines y significados que en los monógamos sexuales.

   Una posible fórmula para salir del sexo por el sexo (si es que se quiere salir de él) es dotarlo de algún significado nuevo que no tenía antes, o recuperar los significados del principio. Otra fórmula consiste incorporar al mismo alguna novedad.

   La pareja de larga duración existe, pero exige que la misma invente sucesivas formas de felicidad para los dos, que deben corresponderse con la evolución del deseo de vida que albergue cada uno. La pareja duradera, con todo lo que ello implica, como la actividad sexual, debe construirse y reinventarse con regularidad entre ambos. Y, en este terreno no hay demasiadas reglas.

 

¿No es igualmente habitual (si no más) buscar el sexo por el sexo en las relaciones en grupo? ¿Qué otras cosas se pueden experimentar? ¿Cómo?

   Casi nada ocurre en las prácticas de sexo en grupo que no ocurra también fuera de ellas. Claro que en el mundo swinger hay parejas que buscan el sexo por el sexo y nada más. Pero por las indagaciones que he realizado, al menos de momento, la mayoría de ellas quieren algo más. Quieren encontrar cierta amistad, desean cierta relación de confianza, de continuidad: cenas, salidas al campo con los niños de ambos, ir al cine, ir a bailar... compartir más cosas que sólo sus cuerpos. Otra cosa es que siempre y en todos los casos encuentren lo que buscan, algo que no siempre sucede. Pero la intención de muchas de ellas es esa.

   Por otro lado, y tras las entrevistas que he mantenido con los dúos swinger, me ha parecido que (al menos a día de hoy) en estas parejas intervienen muchísimas más emociones y sensaciones, objetivos, fines y significados que en los monógamos sexuales. Con sus juegos sexuales en grupo no sólo buscan experiencias físicas, sino también (en muchas ocasiones) experiencias que van más allá de lo físico.

 

No siempre depende de la-s otra-s personas lo que experimentamos. ¿Cómo vivir una experiencia plena en cualquier caso? ¿De qué depende?

   No siempre depende de las otras personas lo que experimentamos, pero no cabe duda de que contribuyen a ello en gran medida. Por ello hay que llegar a acuerdos con los otros participantes. Hay que hablar con la otra o las otras parejas de lo que más o menos se va a hacer, de hasta dónde se está dispuesto a llegar, de qué es lo que no gusta... ¿Ellos o ellas son bisexuales? ¿Habrá intercambio total o sólo roces? ¿El intercambio incluirá todo, o para la penetración cada oveja regresará con su pareja? Estas aclaraciones y otras hay que hablarlas con la propia pareja primero, en casa, y después con el resto de participantes, y serán la base que marcará parte del camino para vivir una experiencia plena. Es decir, la comunicación abierta.

   Y no cabe duda de que la actitud personal ante el encuentro es importantísima. Vivir una experiencia plena es más fácil si la hemos deseado, si la realizamos convencidos y por propia voluntad, si la expectativa es positiva.

 

¿Qué función tienen las fantasías sexuales?

   No creo que las fantasías sexuales tengan sólo una función. Más bien todo lo contrario. El propósito de las fantasías sexuales es múltiple. Y aquí casi te citaré las palabras de las que hago uso en el libro: En primer lugar nos ayudan a identificar la clase de sexo que nos atrae ficticiamente, en la imaginación. Pero las fantasías sexuales no siempre son un reflejo de lo que en verdad somos o queremos. Muchas mujeres y hombres fantasean por ejemplo con el sexo en grupo. Incluso lo escenifican delante del espejo los dos a solas, en su propia casa o se compran una o un muñeco hinchables para montar un ménage à trois ficticio. Afirman en cambio, que llevar esta fantasía a la práctica es algo en lo que no piensan; que tendrían miedo de hacerlo o, simplemente, que ni les atrae ni les excita vivir realmente su ficción mental.

   Muchas fantasías sexuales que surgen en nuestra cabeza sólo pretenden satisfacer, de manera imaginaria, la curiosidad sobre ciertas actividades sexuales (sexo con un vecino, con un amigo, un desconocido, un animal, sexo anal, en grupo, esclavitud, lluvia dorada...), manteniéndonos alejados del escenario real que podría conllevar, según nuestra percepción del momento, algún riesgo. De esta manera no existe ninguna consecuencia moral, legal o física.

   Otra de las funciones de la fantasía sexual es que puede contribuir a la excitación, y también a la llegada del orgasmo. Algunas mujeres imaginan tener relaciones sexuales con varios hombres a la vez, porque de otra manera no pueden encontrar la solución a cómo disfrutar de sexo oral y de penetración vaginal al mismo tiempo, por ejemplo.

   Por otro lado, si la intención es poner en práctica algún juego sexual (como el sexo en grupo o el intercambio), mediante las fantasías se pueden ensayar en casa escenas que se pretendan llevar a la realidad. Se puede imaginar que la experiencia será positiva y deseable, y así reducir la ansiedad y permanecer más relajados si, llegado el caso, finalmente se hace realidad lo que se ha valorado previamente en la ficción.

   Las personas utilizan las fantasías, en muchas ocasiones, para crear una variedad sexual de la que no gozan, o que les parece escasa, en sus experiencias diarias con su pareja. El sexo en grupo es una de las más recurrentes porque es capaz de englobar numerosas sensaciones.


 

¿Hay personas que se sienten frustradas por no poder llevar sus fantasías sexuales a la realidad? ¿Existen fantasías sexuales cuya función es, entre otras cosas, ser sólo una fantasía?

  No cabe ninguna duda que la frustración aparece de forma más o menos intensa cuando deseamos hacer algo y no podemos o no nos dejan. Esa frustración puede ser algo pasajero, hasta que aceptamos y asumimos que no podemos hacer lo que deseamos. Pero puede alargarse en el tiempo o incluso permanecer en una persona como si de una astilla clavada se tratase.

   Si bien las fantasías sexuales pueden ser herramientas muy útiles para nuestro bienestar, también pueden hacernos la existencia más difícil mermando enormemente la calidad de nuestra vida sexual en caso, por ejemplo, de que queramos llevarlas a cabo realmente y nuestra pareja no quiera hacerlas realidad. En este caso, el fuerte apego de uno de los dos miembros a una fantasía determinada interferirá en la comunicación de la pareja y se interpondrá en el camino hacia una intimidad más auténtica. Si cierto deseo nos causa demasiada dependencia, es muy posible que nos cause, al mismo tiempo, más de un problema. Nosotros hemos de controlar en la medida de nuestras posibilidades las fantasías, y no a la inversa. Una fantasía puede llegar a ser preocupante si se convierte en una condición totalmente necesaria para llevar a cabo una actividad sexual con una persona real.  Por otro lado, aunque algunos deseos pueden ser conflictivos, la trampa en la que a veces acorralan no tiene porqué ser definitiva. Admitamos que, a veces, las fantasías que no contribuyen a nuestro bienestar no son fáciles de controlar, cambiar o terminar sin ayuda profesional.

   Como decía anteriormente, las fantasías sexuales bien pueden ser tenidas como una herramienta a nuestro servicio, para nuestro bienestar, pero nadie nos ha enseñado cómo gestionarlas.

 

Usted opina que no nos identificamos tanto como creemos con nuestra realidad actual (parcial). ¿De qué manera nos influye la realidad global (presente) y la histórica? ¿Cómo abrir nuestra mente para sentirnos aún más parte de todas las realidades y asumir las que más nos puedan aportar en un momento dado de nuestra vida?

   No podemos negar la influencia de la Historia. Somos hijos de nuestro pasado y, de alguna manera que habría que especificar más detalladamente, padres de nuestro futuro. Y el presente es nuestro momento de poder, el momento sobre el cual más influencia tenemos, aunque al mismo tiempo también  el momento sobre el cual más influencia tienen sobre nosotros.

   Tiende a haber unanimidad al pensar, al sentir, al observar, al constatar... que la vida cotidiana se caracteriza por el desencanto.

   También hay concordancia al afirmar, por experiencia vivida y compartida, que el que vive constantemente el tiempo profano, la vida cotidiana, no puede alcanzar lo extraordinario. Para lograrlo, y obtener lo inusual, hay que interrumpir en ocasiones la vida ordinaria, habitual, frecuente, el tiempo mundano... e ir más lejos de lo que permiten algunos enunciados.

   Hay muchas maneras de estar en el mundo. Y no necesariamente son incompatibles entre sí, pues todas ellas tienen su momento y su lugar.

   El filósofo español José Ortega y Gasset, nos recuerda que una de las muchas maneras de abrir nuestra mente para sentirnos más parte de otras realidades es la diversión.

   En su Idea del teatro, el filósofo reflexionaba diciendo que el ser humano no puede escoger el mundo en el que vive, por lo que se encuentra prisionero de una realidad que le rodea, que se le impone, quiera o no. Y afirma que por eso la vida es tan seria, tan apesadumbrada a veces.

   El individuo sabe que está encadenado a esta realidad y, en muchas ocasiones, se le hace muy pesada, dura, muy cuesta arriba, demasiado fatigosa. Por todo ello, al ser humano le es necesario algún descanso de esta realidad que le rodea.

   Evadirse totalmente de la realidad, del tiempo profano, es imposible en un sentido absoluto pero, ¿no será, en algún sentido menos absoluto, posible? Ortega y Gasset propone pasar temporalmente a otro mundo, descansando así un rato del peso de la existencia cotidiana. Y para él, una de las ocupaciones que nos sacaría de mâyâ sería el juego; jugar. "El juego, pues, es el arte o técnica que el hombre posee para suspender virtualmente su esclavitud dentro de la realidad, para evadirse, para escapar..." Johan Huizinga, en este mismo sentido, escribía que "el juego no es la vida corriente o la vida propiamente dicha. Más bien consiste en escaparse de ella a una esfera temporal de actividad que posee tendencia propia." Eso es dis-traerse, di-vertirse. El juego es divertirse. "La distracción, la diversión es algo consustancial a la vida humana, no es un accidente, no es algo de lo que se pueda prescindir. Y no es frívolo el que se divierte, sino el que cree que no hay que divertirse. Lo que, en efecto, no tiene sentido es querer hacer de la vida todo puro divertimento y distracción, porque entonces no tenemos de qué divertirnos, de qué distraernos."

   Di-vertirse es, en este sentido "apartarse provisionalmente de lo que solíamos ser, cambiar durante algún tiempo nuestra personalidad afectiva por otra de apariencia arbitraria, intentar evadirnos un momento de nuestro mundo a otros que no son el nuestro"  o que, si lo son, no solemos frecuentarlos. Etimológicamente la palabra divertirse remite a la acción de salirse del vértice, es decir, a la ruptura con el orden cotidiano de significados. De esta manera nos damos cuenta de que la diversión es un asunto muy serio.

 

¿Cómo hacer frente a nuestras tendencias (¿culturales?) a la exclusividad y al control en la pareja y los sufrimientos inevitables que esto conlleva (celos, ahogo, falta de respeto, no aceptación, etc.)? ¿Qué tipos de pensamientos racionales nos ayudan a ser más libres y menos controladores? A sufrir menos -y a amar más y mejor-, en definitiva.

   Conocer nuestra cultura y las trampas a las que nos tiene sometidos será importante para comenzar a vislumbrar cierto bienestar. Entre otras fórmulas, una de ellas podría ser la de redefinir social y personalmente conceptos como el amor, el matrimonio, la sexualidad, la monogamia sexual, la monogamia emocional, la infidelidad... ya viejos, pero constantemente manipulados por diversos intereses. Deberíamos entender que hay muchas más posibilidades posibles que las que actualmente nos ofrece la tradición y el panorama actual. Y sería aconsejable no rechazar nuestros impulsos biológicos, sino tratar de integrarlos de forma armónica en nuestra cultura.

   Este libro no pretende sustituir un comportamiento sexual o unos sentimientos por otros, sino que propone una alternancia voluntaria y deseada, propone la coexistencia de una multiplicidad de posibilidades.

 

¿Cuál es el origen de los celos?

   Buena pregunta, pero antes de contestarla habría que definir qué son exactamente  los celos. Y no conozco dos definiciones iguales. Y eso sin contar que allí donde una persona dice sentir celos otra bien puede no experimentarlos. Celos, del latín zelus (ardor). Los celos son una emoción que puede surgir a veces como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva. Los más comunes (o mencionados) son los que se dan en la relación amorosa de pareja.  Se experimentan como una sensación angustiosa ante, por ejemplo, la infidelidad de la persona amada. Aunque también sería importante definir qué es infidelidad, pues lo que una persona entiende por tal, otra no lo siente así.

   Desde una perspectiva psicológica se piensa que los celos en los adultos son una reminiscencia de la vida infantil, cuando el bebé siente como algo natural que su madre es de su entera propiedad. Pero se trata de una fantasía que la realidad no tarda en contrariar, pues pronto descubre que la madre ama también al padre, a un hermanito que aparece, etc. El bebé procesa en totalidades y es incapaz de matizar grados, es decir: o su madre está toda con él o, si por ejemplo se ausenta temporalmente, él teme que no vuelva y perderla para siempre. Sólo poco a poco aprende que ella regresará después de ausentarse. De la misma manera, es gradual el proceso de admitir que ella le ama a él y también a otros. El niño pequeño inicia así la larga senda de aceptar al tercero, senda que probablemente nunca se termina de recorrer en su totalidad. En la vida adulta, la presencia de un tercero merodeando a la persona amada puede suscitar el recrudecimiento de las tensiones de la terceridad. Y por esto, según esta teoría, los celos suelen estar presentes de una u otra forma en la vida imaginaria de los adultos. Y se intensifican cuando aparecen fantasías de riesgo de ser abandonado, de aparición de supuestos rivales amorosos, etc.

   Para muchas personas los celos parecen ser una prueba. Desde que San Agustín escribiese aquello de el que no tiene celos no está enamorado, parece que la falta de los mismos es síntoma de que no se quiere a la otra persona lo suficiente, pues, para muchas personas, parecen ser una demostración de amor. Sobre ello siempre existe un concepto diferente, una versión distinta de los celos que opina que son el súmmum del egoísmo, la manifestación del amor propio en defecto, la irritación de una falsa vanidad. Y hay quien ve al celoso como un mártir que martiriza. Muchos piensan como el escritor Cervantes, que decía que "si los celos son señal de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que al tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta". En los celos hay más amor propio que amor, me dijo un hombre, matizando que la frase no era suya pero que estaba de acuerdo con ella. Es curioso que una persona pueda estar celosa porque ame, pero también aunque no ame.

 

¿Cómo afrontar los celos en cualquier tipo de relación sexual/sentimental?

   Te diría que la confianza, la seguridad en el cariño y el amor que el otro nos profesa. Pero, por otro lado, el celoso tiende a ser en algunas ocasiones un irracional, por lo que no es capaz de experimentar esa confianza necesaria. Precisamente, de lo que carece el celoso es de confianza.

   Hablando de parejas swinger, de juegos sexuales en grupo, para que en una escena de intercambio ambos miembros de la pareja estable que se ama no sientan celos del tipo destructivo (los cuales impedirían el desarrollo de la sesión) y se encuentren a gusto, deben estar o muy seguros de su valía sexual para con respecto a su pareja (habiéndose iniciado en estos juegos para probar más cosas por curiosidad debido a la rutina y monotonía acumuladas) o muy seguros del lazo emocional que los une (habiéndose introducido en ellos no porque no se quieran o amen, sino precisamente porque se quieren y aman, y habiendo reconocido que han caído en cierta rutina sexual deciden experimentar con estas prácticas). Cualquiera de los dos sentimientos puede servir para poder superar un estado de ánimo tan humano como son los celos. Deben estar seguros de que, aunque su mujer esté ahora disfrutando con otro, ellos también le proporcionan mucho placer a solas, en la intimidad. Como muchas veces la pareja se inicia en estas prácticas cuando en su vida íntima ya han aparecido la monotonía y el aburrimiento sexual repetitivo, causando que el uno ya no disfrute demasiado del otro y con él, es entonces cuando la seguridad de que se quieren y aman pone frenos a los celos, así como la certeza de que ellos, en algún momento, también llegaron a disfrutar mucho juntos en el pasado y pueden volver a recuperarlo. Si dudan de que ellos también alcanzaron a dar placer a su cónyuge o de los sentimientos de amor actuales que los unen, ello podría hacer que surgiesen celos o sentimientos de tristeza y, o bien no podrán ver cómo el compañero disfruta junto a otras personas, o su propio placer se verá mermado por esos sentimientos. Insisto en que como muchas parejas se han iniciado en el sexo en grupo porque sexualmente ya no se proporcionan demasiadas alegrías, que ambos disfruten con otros mientras a la vez están juntos suele ser motivo de alegría para ambos; el uno se alegra por el otro, si sabe que aunque en su relación el tema sexual cojea, los pilares de su unión sentimental son fuertes y quieren seguir juntos. Además de que, como ya menciono en el libro, en muchos casos el interés sexual y el placer que se pueden dar mutuamente se renueva en muchas parejas.

   A este respecto, la comunicación entre la pareja es una de las herramientas que mejor funcionan.

 

¿En qué consiste la sexualidad sagrada?

   Otra difícil pregunta cuya respuesta me es imposible resumir. El sexo sagrado a través de los tiempos tiene muchas caras; tenemos el sexo sagrado relacionado con la gran Diosa; el matrimonio sagrado (hierogamia) , la sagrada prostitución (hieródulas que ofrecían sus servicios en el templo), la espiritualidad erótica en las tradiciones mistéricas, la mística amorosa medieval en Oriente y Occidente, el erotismo espiritual en algunas religiones, el tantrismo de la India, el Tao del sexo en China, la representación de imágenes eróticas en la fachada de los templos (Kahurajo), la magia sexual... Sería demasiado extenso mencionar la multitud de investigaciones que existen entre sexualidad y espiritualidad y, además, la multitud de ejemplos personales, sociales, culturales, religiosos...

   Por otro lado, la relación entre sexualidad y espiritualidad es una de las más laberínticas que conozcamos, y lo que yo pueda decir aquí es tan sólo una vista de pájaro rápida, superficial, de una vasta totalidad que no pretendo abarcar.

   Escribo en mi libro, ayudándome de otros autores, que algo sagrado es aquello que se manifiesta a la percepción como diferente y especial, como un acontecer saturado de poder que posee la capacidad de convertir lo habitual en algo nuevo, lo homogéneo en discontinuo, la falta de sentido en abundancia de significado... Cuando el amor y la sexualidad se convierten en expresiones seculares, monótonos cumplimientos de una obligación, rutina desprovista de pasión, fidelidad a un contrato formal, pueden degradar su sentido y el ser humano tiende a perder su conexión íntima con parte de la fuente que alimenta su capacidad de gozo y plenitud. La palabra sagrado no alude a algo ajeno a la esencia del hombre, a una experiencia distante y vedada. Por el contrario, refiere a la necesidad de que el amor y la sexualidad sean vividos como fenómenos metafísicos cotidianos, hechos que conectan al individuo con el misterio de la renovación de la vida, que vuelven a religarlo con los ritmos vivos de la naturaleza, que tienden un puente hacia el infinito, interior y exterior, que suscitan, en el alma dormida, el deseo de despertar y transmutarse, de evolucionar hacia un destino convergente. En ese plano, entonces, el ser humano deja de relacionarse sexualmente sólo con sus genitales para encontrarse con el otro en la totalidad de su persona. En esto consiste sacralizar un vínculo: hacer que cada encuentro amoroso sea un rito y transformar cada orgasmo en una celebración. Al hacer del amor y del sexo un sacramento el hombre está en conexión con lo sagrado, con el centro de sí mismo. Hay una corriente actual recriminando que la sexualidad contemporánea se practica como si de gimnasia se tratara, siendo poco conscientes de las puertas que el sexo es capaz de abrir.

   Muchos y reconocidos autores afirman que el sexo (algunos matizan que el amor sexual) puede ser una ventana a la realidad espiritual. Sostienen que tras sus numerosas investigaciones (mediante cuestionarios, entrevistas y cuidados estudios de varias culturas) están convencidos de que el sexo puede ser una vía importante a experiencias místicas o encuentros con lo sagrado.

   Para entender lo que es, lo que significa y las aportaciones que puede proporcionar la sexualidad sagrada hay que entrar o conocer otras culturas, sus conceptos y sus valores. Y nos daremos cuenta que muchos pueblos, del pasado y del presente, han unido lo sagrado y lo sexual armónicamente. Culturas en las que el impulso erótico no ha sido separado del culto religioso y la espiritualidad, y en las que el cuerpo humano no se ha dividido en una parte buena, superior, y otra mala, por debajo de la cintura. Pueblos que vieron el cuerpo humano como un templo sagrado y la sexualidad como una posibilidad más que añadir a la realización individual, psicológica y espiritual. La sexualidad es una forma de buscar una experiencia con lo absoluto.

   Hay que hacer el matiz de que lo sagrado, o lo metafísico, no es lo que hoy en día se entiende o asimila por religioso, fervoroso, pío o beato, y que lo profano no es aquello que la actitud moralista, con sus ideas de lo correcto y aceptable, pudiera condenar como tal. Lo sagrado, o metafísico, excede ampliamente el fenómeno religioso, o lo devoto, o la superstición...

 

Cuando se habla de la sexualidad sagrada que anima a manejar la energía sexual de una forma creativa, a menudo se mencionan los beneficios psicosomáticos de controlar el orgasmo y de transformar el esperma en energía. ¿Qué beneficios son ésos? ¿Cómo lograrlo?

   La sexualidad sagrada no piensa en el sexo solamente como cuestión fisiológica, cuerpos que se rozan y se acarician. Entiende que en el sexo hay, además, energía, y que durante el mismo, esa energía se mueve; interpretando que se trata de un encuentro que va más allá de la carne. Los contemporáneos practicantes de esta sexualidad recuerdan las palabras de Albert Einstein cuando decía que la energía se transforma en masa y la masa se transforma en energía.

   La sexualidad sagrada defiende que aprender a manejar la energía sexual significa ser un creador. Y que cuando los líquidos sexuales de la mujer o del hombre se transforman en energía pueden provocar cambios psicosomáticos extraordinarios. Y es que la práctica sexual sacra es definida también como "la instrumentalización iniciática y mística de esa gran fuerza que es la sexualidad. Se ejercita lúcidamente para crear y no procrear. Aunque obviamente, y al igual que la sexualidad profana, reporta disfrute, no se satisface sólo con ello, sino que aspira a conducir la mente a otros estados y modos de percepción y a penetrar realidades que escapan al entendimiento ordinario..."

 "Una de las metas de la práctica sexual tántrica y taoísta es armonizar, equilibrar, intercambiar y utilizar las energías vitales activadas y liberadas durante el juego erótico y la unión sexual."  Para nosotros, occidentales, conceptos como energía sexual y los beneficios de su manejo, son asuntos que de momento ni dominamos ni entendemos del todo.


 

Tras esta investigación, ¿podría usted compartir aquí algunas de sus reflexiones sobre conceptos como el amor, la libertad, los celos, la fidelidad...?

   Creo que la reflexión o la conclusión más importante sobre los mismos a la que he llegado es que urge redefinirlos.

   A lo largo de la historia, el ser humano ha ido modificando infinidad de pautas y códigos que en su día se consideraron intocables. El sexo, el amor, los celos, la fidelidad... no podían quedar exentos ni inmutables con el paso del tiempo. Hay que seguir ampliando, incorporando, redefiniendo, recolocando... cuando resulte necesario.

   Pero no sólo eso, también nosotros tenemos que ir redefiniéndonos con el paso del tiempo. Estoy de acuerdo con Frascesco Alberoni en que en un mundo en constante cambio también las personas que amamos se modifican, se vuelven distintas, quieren otras cosas. Por esta razón (entre otras) las relaciones de pareja se deterioran, la gente rompe con los viejos amigos, se divorcia, riñe con los hijos o bien siguen fingiendo que todo está como antes, cuando en realidad todo ha cambiado profundamente. Se sigue representando una comedia en la que no se sabe qué es verdad y qué es falso. Ni siquiera se sabe ya qué es lo que se quiere... Una posible solución de este problema es una redefinición de uno mismo y del mundo.

   Es importante que nos actualicemos flexiblemente día a día para descubrirnos y redescubrirnos. Las necesidades y los gustos de quienes nos rodean y amamos, y también nuestras obligaciones, menesteres, exigencias y requisitos cambian con el tiempo. Los seres humanos estamos en proceso constante de autodescubrimiento. Durante toda la vida estamos en fase de reconocernos y explorarnos. La sexualidad no es estática, y también intenta buscarse, hallarse, encontrarse. Y en ese proceso todas las personas viven variaciones en la balanza de la atracción, de la apetencia sexual y el amor. Variaciones que se estabilizan mediante la redefinición sucesiva, mediante la actualización flexible. Y, hablando de este asunto, hay quienes afirman que mientras más flexibilidad y apertura tengamos en la vida, más fortaleza tendremos...

 

 

Frases:

El ser humano tiene sed de lo transpersonal, sed de recuperar una especie de paraíso perdido, por eso persiste en la búsqueda de vínculos de amor.
Anhelar el paraíso no es otra cosa que el deseo humano de estar permanentemente en un reino de paz y luz, el mundo de la sacralidad, y de superar en sí mismo, de una manera natural, la condición humana y, así, recobrar la divinidad perdida.

 

El autor.

Óscar Urbiola (Pamplona, 1974) es colaborador habitual en radio y televisión, especialista en antropología urbana y anecdotario histórico. Autor de obras de investigación como la Gran enciclopedia del sexo (RBA) y coautor, junto a Noelia Indurain, del libro "Vampiros: el mito de los no-muertos" (Tikal).


 

El libro.

Nuevas formas de sexualidad.


Intercambios de pareja, sexo en grupo y estilo de vida swinger.

Ed. Psimática.

538 páginas.

Para adquirir el libro, escribir a admin@psimatica.com o a través de la página web de la editorial Psimática www.psimatica.com

 


Entrevista realizada por: Marié Morales.





















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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