Si tú ganas, yo gano. 


Que la crisis y las estrecheces económicas no te lleven a ahogar tu generosidad y a desarrollar tu tacañería. Si abres tus manos para dar, las tendrás abiertas para recibir. 


A veces, las crisis sacan a flote lo mejor de las personas. Es así cuando, por ejemplo, observamos en las guerras ciertos gestos de humanidad y solidaridad y una vez más comprendemos cómo el apoyo y los cuidados comunitarios son los que han salvado a la humanidad, en muchos casos, para paliar los devastadores efectos de las importantes conquistas “heroicas” que aparecen en los libros de historia. Y recordamos una vez más que no son los grandes acontecimientos históricos como las invasiones, sucesiones al trono o revoluciones, ni siquiera algunos importantes descubrimientos científicos, los que han permitido la supervivencia de la especie humana, sino la solidaridad y los cuidados cotidianos (generalmente a cargo de las mujeres, las grandes invisibles de la historia).

A veces, las crisis sacan a flote lo mejor de las personas. Pero en las crisis económicas no siempre ocurre así. En este caso, a veces, surgen las tendencias más enfermizas y miserables de la condición humana: los miedos, la tacañería, el egocentrismo, el pelear codo con codo para llevarte la mejor tajada del pastel antes de que éste se acabe, rascar de donde se pueda un poco de beneficio como si en ello nos fuera la vida.

Craso error, porque la codicia y la tacañería no suelen atraer la abundancia sino todo lo contrario: la escasez y las pérdidas de todo tipo, las cuales incluyen la salud, las amistades y, en última instancia, incluso los colaboradores, clientes o proveedores que nos permiten sobrevivir en el mundo laboral. 

En este informe vamos a analizar cómo la amabilidad, la generosidad y la solidaridad son las mejores inversiones para salir adelante en cualquier momento y, en especial, en tiempos de crisis. 
 

  1. Lo bueno de ser bueno. 

Prioriza la humanidad y la generosidad sobre los intereses egocéntricos porque la bondad es la única inversión que nunca quiebra. 
 

Nuestra cultura nos ha ayudado a propagar el mito del darwinismo social (la supervivencia del más fuerte) y basándonos en la feroz filosofía de “si tú ganas, yo pierdo”, a menudo parece que la consigna en la vida sea: yo contra todos los demás.

Sin embargo, esta filosofía no sólo no te conduce a ganar en ninguna de las facetas de la vida (especialmente a medio y largo plazo, aunque también de inmediato) sino que, por el contrario, conlleva numerosas pérdidas de todo tipo.

Linda Kaplan Thaler y Robin Koval (directora general y creativa y presidenta respectivamente de una de las empresas publicitarias más influyentes en Estados Unidos) nos lo demuestran una y otra vez en su libro “Lo bueno de ser bueno” (Alienta Editorial), haciendo suyas las palabras del escritor norteamericano Harry David Thoreau según el cual “la bondad es la única inversión que nunca quiebra”.

“En menos de una década transformamos nuestra pequeña empresa recién nacida en una de las agencias con un crecimiento más rápido, de facturación millonaria y ámbito internacional, un éxito que no se consiguió con palos y lanzas sino con flores y bombones. Nuestro crecimiento no ha sido el resultado del miedo o la intimidación sino de las sonrisas y los cumplidos”, según explican.

La paradoja, según Linda, es que a menudo parece que la amabilidad tiene un problema de imagen, como si por detrás de ella no hubiera algo serio o alguien de fiar. Sin embargo, en realidad, la bondad, la cordialidad y la simpatía son las actitudes más poderosas, eficaces y hasta revolucionarias en muchos casos, porque un comportamiento amable y generoso significa avanzar con la clarividente confianza de saber que tener en cuenta las necesidades de las demás personas es la mejor manera de conseguir lo que deseas, que, en cualquier caso, incluye también su satisfacción y felicidad. 


 

Los beneficios personales de la bondad. 

Normalmente son los pequeños detalles (las sonrisas, los gestos, los cumplidos, los favores desinteresados), ya sea por tu parte o por parte de los demás, los que hacen que tu vida cotidiana sea mucho más agradable, pero además, cuando los haces tuyos, son estos gestos los que pueden cambiar el guión de tu vida y revertir muy positivamente en tus proyectos personales, de una manera u otra, antes o después. Y esto es así porque cuando se aplican los principios de la simpatía y la cordialidad siempre suele aparecer una segunda, tercera e incluso cuarta oportunidad. Actuar con consideración hacia los demás no sólo te permite mejorar tus relaciones sino que, sin ninguna duda, incidirá en que por la noche puedas dormir mejor. Las personas cordiales y amables no sólo consiguen antes lo que desean sino que, por añadidura, son más sanas y felices. Y si no te lo acabas de creer, echa un vistazo a lo que nos dicen las estadísticas al respecto.


 

  1. Las buenas personas tienen más suerte en el amor.
    ¿Te has creído eso de que las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes? Desengáñate: más que un mito urbano es un timo. Las investigaciones de la Universidad de Toronto sobre el tema demuestran que las personas pacientes, generosas y consideradas con las demás presentan una tasa de divorcios que es la mitad de la de la población general.

  2. Las buenas personas ganan más dinero.
    Según un estudio de Daniel Goleman, existe una correlación entre el ánimo de los empleados y los resultados económicos: por cada 2% de mejora en el ambiente de trabajo (es decir, mediante la alegría y la amabilidad generales del personal) se consigue un 1% de aumento de los ingresos.

  3. Las buenas personas gozan de mejor salud.
    Un estudio de la Universidad de Michigan mostró que las personas mayores que ayudaban a las demás, ya fuera a través del trabajo voluntario o simplemente por la amistad o buena vecindad, presentaban un 60% menos de muertes prematuras que sus iguales poco dispuestas a ayudar.

  4. Las buenas personas tienen menos problemas con la justicia.
    Otra investigación demostró que los médicos que no habían sido nunca demandados hablaban con sus pacientes una media de tres minutos más que sus homólogos que habían sido demandados dos o más veces. También utilizaban un tono de voz más suave y el sentido del humor, durante sus entrevistas con los pacientes. Como manifestaba una abogada, “nadie denuncia a un médico con quien se siente a gusto; aunque cometan algún error menor nunca será por desconsideración”.
    Por otra parte, las personas consideradas con las demás no sólo tienen menos problemas de tráfico sino que, cuando se ven envueltas en una situación leve de multa, pueden evitarla con más facilidad haciendo uso de su amabilidad.

  5. La bondad te ahorrará tiempo y dinero en psicoterapias.
    El mayor beneficio de la bondad sincera es que te hace sentirte bien contigo mismo. El camino más seguro y rápido hacia el respeto por uno mismo consiste en comportarte de forma que implique respeto por los demás. Si actúas con integridad, compasión y cordialidad, es muy posible que te ahorres pasar largas horas en la consulta de un psicoterapeuta explicándole tus conflictos familiares, con tu jefe, amistades o pareja y escuchando que todos tus males se deben a algo que te dijo o no te dijo) tu madre cuando tenías cuatro años.
    La mejor manera de hacerse mayor es aprender a considerar a las demás personas al menos tanto como a ti mismo.
     
     
     

    2. Desarrolla los músculos de la amabilidad.

    Acostúmbrate a realizar acciones que no tengan una recompensa inmediata, por el mero hecho de ayudar, y descubre la calidad del bienestar que te produce.

    No vale utilizar la amabilidad sólo en situaciones puntuales, cuando quieras conseguir un beneficio, porque muchas veces no te saldrá. Inadvertidamente aldrá a relucir tu auténtico carácter cuando menos te lo esperes, en los gestos más pequeños, o más grandes. Para que funcione tiene que formar parte auténtica de ti, y esto, como cualquier otro hábito, requiere práctica.

    ¿Cómo practicar?

    Aquí te proponemos un par de ejercicios:

    1. Acostúmbrate a hacer cada día al menos cinco acciones amables que no tengan una recompensa inmediata para ti, simplemente por el mero hecho de alegrarle la vida a alguien.
    ¿Cómo? Da las gracias, aprecia el buen trabajo de una compañera, ayuda a tu vecina mayor a subir las bolsas de la compra, pregúntale por su familia al camarero que te pone el café cada mañana o interésate por su vida, etc.
    Practica gestos de amabilidad y generosidad gratuitos y descubre lo bien que te hace sentir.


    2. Sé el mejor actor de reparto. La mayoría de las personas no quieren ser desconsideradas a propósito; simplemente, estamos tan ocupadas siendo el protagonista de nuestra propia película que se nos olvida que las demás personas también son protagonistas de la suya.
    Para variar, prueba a verte a ti mismo como te ve cada persona, como actor o actriz de reparto de su película. ¿Eres la hija cariñosa, considerada y autónoma o más bien la ausente, distraída o tiránica? ¿Eres el novio dulce y atento o el interesado y egoísta? ¿El compañero de trabajo colaborador y ligero o el conflictivo, experto en complicar las cosas y sacar a relucir los errores de los demás? Decide mejorar el funcionamiento de tu personaje en las vidas de los demás y prueba cinco maneras en que puedas conseguir que cada uno de tus personajes (como hija, madre o padre, amiga, compañero de trabajo, etc.) sea más generoso, simpático y cordial.


 

Los doce principios de la bondad.

Merece la pena que dediques un poco de tu atención y tu tiempo para mejorar los músculos de la bondad no sólo porque tendrá efectos positivos en ti, a corto y a largo plazo, sino porque incidirá en una mejora de tu entorno, en el estado de ánimo más positivo de las personas que te rodean y en una mayor eficacia en todo lo que hagáis, con mejores resultados.

 - Principio nº 1. Las impresiones positivas son como semillas.
Actuar con amabilidad tiene un efecto dominó. Cada vez que sonríes a alguien, escuchas atentamente o das las gracias emites una energía positiva que la otra persona, a su vez, pasará a decenas de individuos que encuentre en su camino. Estos contactos positivos tienen un efecto multiplicador. Es posible que tú, personalmente, no recibas su efecto de inmediato, aparte de la cálida sensación de bienestar interior, pero las impresiones positivas son como semillas. Las plantas y te olvidas de ellas pero van creciendo y aumentando su tamaño bajo tierra y antes o después acabará brotando una magnífica planta.

- Principio nº 2. Todas las personas son importantes.
No dosifiques la amabilidad, ni mucho menos la dediques sólo a las personas que consideras importantes, de quienes puedas obtener algún beneficio. Entre otras cosas, porque nunca se sabe si la vecina que hoy menosprecias mañana será la encargada de seleccionar tu currículum de trabajo o de ayudarte en una situación difícil. En cualquier caso, lo fundamental es que esa persona es importante en sí misma y lo es para mucha gente. Acostúmbrate a tratar a todas las personas con las que te cruzas como si fueran lo más importante del mundo, porque lo son. Si no para ti, sí para alguien; si no hoy, tal vez mañana. Y en cualquier caso, cualquier persona, como tú, es importante para sí misma, desea evitar el sufrimiento y disfrutar de felicidad y libertad. Exactamente igual que tú. De una vez y para siempre, ponte de acuerdo de acuerdo con ellas, con cada cada una de ellas por separado, y desea su felicidad y su libertad tanto como deseas las propias.

 - Principio nº 3. Las personas, como las fichas en un juego, cambian de posición.
Es un error muy común pensar que sólo necesitas ser amable con tus iguales o superiores; después de todo, la asistenta que limpia tu casa o el quiosquero de la esquina nunca van a hacer nada por ti porque no tienen ningún poder. Sin embargo, nunca puedes saber quién puede ser importante para ti dentro de unos años, ni siquiera mañana. La persona que hoy está bajo tus órdenes mañana puede ser quien decida tu futuro laboral o una plaza en la escuela para tu hija. La vida da muchas vueltas. Trata a todo el mundo como si tu vida dependiera de él o ella.

 - Principio nº 4. Que la amabilidad sea algo instintivo.
Acostúmbrate a practicar amabilidad hasta que forme parte de ti, que sea algo instintivo. Si te acostumbras a ser amable sólo en las circunstancias que te convienen, tu falta de consideración habitual puede traicionarte cuando menos lo esperes, de una forma que ni siquiera adviertas, haciéndote perder muchas oportunidades y, por descontado, muchos amigos. Practica amabilidad y consideración por los demás hasta que forme parte de ti. Te llevarás muchas sorpresas al descubrir cuántos beneficios le aportan la simpatía y la generosidad a tu vida.

- Principio nº 5. Que todo tu cuerpo transmita amabilidad.
No basta con recitar unas palabras amables por rutina o con indiferencia. Se ha demostrado científicamente que sólo el 7% de nuestra comunicación es verbal. El 93% restante procede de factores no verbales como los gestos, las expresiones faciales o el tono de voz. A veces una sonrisa o un ligero contacto físico tienen más fuerza que las palabras y, además, sirven para suavizar o contrarrestar mensajes incómodos aunque necesarios.

- Principio nº 6. La sonrisa es el gesto más contagioso.
Nuestra propensión natural a imitar significa que con frecuencia captamos el estado de ánimo de quienes nos rodean, para lo bueno y para lo malo. La buena noticia es que las emociones positivas son más contagiosas que las negativas. Un estudio de la Universidad de Yale demostró que la jovialidad y la simpatía se expanden más rápidamente que la irritabilidad y la depresión de las que la gente intenta protegerse. Y la sonrisa es el gesto más contagioso de todo. Además, se demostró también que es más fácil que tu pareja, tus hijos, amistades o colaboradores en el trabajo sean más receptivos a tus ideas si las dices con amabilidad y una sonrisa.

- Principio nº 7. Las impresiones negativas son como gérmenes.
De la misma manera que las acciones positivas con somo semillas que crecen en silencio, los gestos de desconsideración son como gérmenes; es posible que durante un tiempo no veas su impacto pero ahí está, infectándote en silencio, a ti y a quienes te rodean. No diseminar gérmenes significa ser extremadamente respetuoso con tu entorno y con la gente a tu alrededor, ya que un simple malentendido puede crear una impresión negativa de consecuencias perturbadoras.

- Principio nº 8. La consideración para con los demás te aporta confianza en ti mismo.
Y viceversa: la falta de consideración te convierte en una persona que no es de fiar. Aunque nadie te haya visto o no vuelvas a ver a una persona a la que has tratado mal, tú sí has sido testigo y esa acción forma parte de ti poniéndotelo difícil cuando quieras convencer a los demás de que confíen en ti. Por el contrario, la consideración hacia los demás hace que las personas se sientan cómodas y confiadas a tu lado.

 - Principio nº 9. La amabilidad es un valor en sí mismo.
Ser amable no tiene nada que ver con la hipocresía, con reír los chistes ofensivos ni con el halago fácil. Y, por supuesto, ser una buena persona no consiste en ser falsa o manipuladora sino todo lo contrario, porque la consideración es un alto valor que forma parte de tu sentido del honor. Acostúmbrate a valorar la bondad y la simpatía (en ti misma y en los demás personas) de la misma manera que aprecias la belleza, la inteligencia o el talento. La bondad es una fuerza muy potente que puede llegar a donde no llega ninguna otra fuerza o habilidad.

- Principio nº 10: Comparte el mérito.
Uno de los peores gérmenes y más extendidos tiene que ver con la competitividad, con luchar y hacerse paso a codazos para demostrar que el mérito es tuyo y de nadie más, y, con esta consigna, consciente o inconscientemente, podemos dedicar demasiado tiempo a empequeñecer la imagen de los demás para aparentar que somos más grandes. Pero si te acostumbras a relajarte y a dedicar tu energía, simplemente, a dar lo mejor de ti, la vida se hace mucho mejor, más hermosa y más fácil. Harry Truman dijo: “Es impresionante lo que puedes conseguir si no te preocupas por quién se lleva el mérito”. Y el gran maestro budista indio Atisha fue aún más contundente: “No esperes el aplauso y no dependerás de él”. Acostúmbrate a dar lo mejor de ti y descubrirás el profundo bienestar de la satisfacción personal, la autoconfianza y la libertad.

- Principio nº 11. Ayuda a generar confianza y buen humor a tu alrededor.
Según Daniel Goleman, “sentirse bien estimula la eficacia mental, se comprende mejor la información y genera claridad de ideas para tomar decisiones en los juicios complejos”. Además, las personas que están de buen humor tienen más posibilidades y capacidad de ayudar a las demás. Cuida tu humor y el de las personas que te rodean con bromas amables y situaciones divertidas. Pero, por encima de todo, ríete de tus propios errores y de los de los demás, sin dramatizar ni culpabilizar a nadie por ellos. Se aprende mejor de las risas que de las tensiones negativas.


- Principio nº 12. Sé amable: aprende a escuchar.
Según el presentador de televisión estadounidense Larry King, “Mi primera regla para conversar es ésta: mientras hablo, no aprendo nada”. Lo cierto es que escuchar siempre resulta más ventajoso que perder el tiempo hablando de tus logros o de lo que ya sabes, además de que supone un gasto de energía que puede acabar debilitando a todo el mundo.
No pierdas de vista que tu opinión no es más que eso: una opinión, un punto de vista, al igual que el de la a persona. En las discusiones, deja de imponer tus razones y céntrate en prestar atención a las posibles maneras de solucionarlo, lo cual incluye escuchar las razones de la otra persona.


 


Algunos ejercicios para desarrollar los músculos de la amabilidad.

 

1. Endulza la vida de los demás.
Ten siempre a mano, en tu casa o en tu lugar de trabajo, una caja o bandeja con algunos chocolates, bombones, caramelos de miel, frutas endulzadas o galletitas. (*)
La próxima vez que alguien próximo esté malhumorado o enojado, prueba a darle algunas chocolatinas o caramelos. Se ha demostrado que el triptófano del chocolate permite al cerebro producir serotonina, un compuesto orgánico que provoca sensaciones de bienestar e incluso de euforia y éxtasis. Y la feniletilamina del cacao estimula los centros de placer del cerebro y produce sensaciones de felicidad, incluyendo alegría, atracción y excitación.

(*) Contraindicado en el caso de personas excesivamente golosas y con poca fuerza de voluntad para hacer uso de las golosinas en situaciones puntuales.



2. Ofrécele un cumplido a la persona que más te irrite.
En los diarios de santa Teresa de Ávila la monja cuenta cómo cuando se encontraba con alguna hermana o discípula que la ponía de los nervios, decidía esmerarse aún más por ser amable y solícita con ella, de forma que ella misma empezaba a ver las cosas buenas de la otra a la vez que la monja en cuestión acababa optando por devolverle las buenas maneras.
Si hasta una santa puede perder los estribos con alguien, ¿cómo no te va a pasar a ti?
Pero también puedes aprender a controlar tus reacciones y hasta tus emociones. ¿Cómo?
Piensa en la persona que más te irrite e intenta encontrar algo realmente bueno que puedas decir de ella. Ofrécele ese cumplido a la menor oportunidad que tengas. Repite los mismo con la segunda persona que más te irrite y con la tercera...

Y no te olvides de esbozar una sonrisa y, si se da el caso, alguna palabra amable cada vez que te cruces con ellas. Finalmente, conseguirás transformar tu pensamiento de aversión por otro de simpatía.

3. Inicia una dieta de belleza interior: la dieta de la verdad.
Tal como escribió Mark Twain, “lo mejor de decir la verdad es que nunca tienes la necesidad de pensar qué vas a decir”. A lo largo del día de hoy intenta decir únicamente la verdad a todos tus interlocutores. No vale exagerar la verdad, embellecerla o transformarla.
Esto no significa que vayas esparciendo a los cuatro vientos “tus verdades” sin que te pregunten o que seas descortés con las personas. Siempre hay una manera de decir la verdad sin traicionarte a ti mismo y sin herir los sentimientos de los demás. Si tu mirada es considerada y empática, siempre hay un enfoque de “tu” verdad que puede resultar grato a la vez que útil a los oídos de la otra persona. Y no busques justificaciones falsas cuando tengas que decir no; es mejor decir “lo siento mucho pero no me es posible”, sin más explicaciones a recurrir a la mentira (que, por otra parte, te convierte en una persona poco de fiar).

 

Libros: 


Lo bueno de ser bueno.

Linda Kaplan Thaler y Robin Koval

Alienta Editorial. 



Ocho pasos hacia la felicidad.

Gueshe Kelsang Gyatso.

Editorial Tharpa. 



La sabiduría del corazón.


Jack Kornfield

La liebre de marzo.



Texto: Marié Morales.



















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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