El aloe vera: 

La planta con la que no se necesita doctor.

Desde el cuidado de la piel al fortalecimiento del sistema inmunitario, pasando por la tonificación del sistema digestivo, la curación de úlceras o el tratamiento de la tuberculosis o el cáncer. El aloe vera es una planta de múltiples usos, para curar... y para mantener la salud.


¿Una moda? No lo creas.

Es cierto que de repente los escaparates de cosmética, farmacias, droguerías y hasta los supermercados se han llenado de productos para todo que venden el aloe vera en sus etiquetas. Desde geles y aceites para bebés hasta champús contra la calvicie y la psoriasis, cremas nutritivas, pastas dentífricas, protectores solares, zumos para beber...

 

Puede parecer una moda, pero esa impresión se desvanece cuando descubrimos que esta planta ya se utilizaba con fines terapéuticos hace cinco milenios, y así ha seguido siendo a lo largo de la historia (y de la prehistoria), y en las más diversas culturas.

 

 

 

Presente en todos los espacios y en todos los tiempos.

Desde el antiguo Egipto a la civilización maya, pasando por los evangelios (hasta Jesús se dice que fue embalsamado con una mezcla de aloe y mirra), el aloe aparece a lo largo de todos los tiempos y en casi todas las culturas, con nombres tan significativos como:

 

-         "la planta de la inmortalidad" (Egipto)

-         "la curadora silenciosa" (India)

-         "la planta bíblica" (por sus numerosas apariciones en el Antiguo y Nuevo Testamento)

-         "el remedio armónico" (China)

-         "la fuente de la juventud" (la población seminola de Florida)

-         "la planta que no necesita doctor" ("isha irasu", en Japón)

-         etc.

 

Esto no puede ser casualidad.

 

Ahondando más, encontramos que ya aparecía en las pinturas rupestres, tallas, frisos y dibujos en lugares tan distanciados como la Península Arábiga, África, Nueva Guinea, Palestina o las Islas Británicas.

 

Esto en lo que respecta a la, digamos, cultura popular. ¿Pero qué pasa en los libros técnicos, científicos o especializados de cada época? ¿Aparece el aloe en la medicina oficial al uso?

Pues resulta que sí. También.

 

En El libro de las hierbas medicinales, de origen chino (probablemente el primer libro sobre medicina que se ha escrito en la historia, hace 5.000 años), el Ayurveda en la India (por la misma época), las Tablas Babilónicas (donde su nombre indica), o en el Papiro Ebers o Libro egipcio de los remedios, el aloe aparece como remedio para el tratamiento de males tan diversos como: quemaduras y heridas, inflamaciones, laxante, disfunciones del aparato digestivo y hepato-biliar, problemas respiratorios, etc.

 

¿Qué hay de la literatura médica occidental?

La encontramos en la Materia Médica de Paracelso (para el tratamiento de los desórdenes intestinales); en el Herbolario Griego de Dioscórides (cuidado de la boca y garganta, inflamaciones y heridas...); en la Historia Natural o De las Plantas, de Plinio (para ciertas ulceraciones de la piel, incluida la lepra), o en la famosa Escuela de Medicina de Salerno, con Avicena, quien suma a todos esos usos del aloe el tratamiento de ciertas enfermedades de los ojos y hasta de la melancolía.

 

Con la civilización árabe, se extiende por todo el mediterráneo (especialmente en Andalucía) y, bien conocida por Colón, y los jesuitas que le siguieron en su afán conquistador y de conversión religiosa, se cree que supieron apreciarla fácilmente cuando la encontraban en América y, donde no, la hicieron crecer.

Fueron estos jesuitas precisamente quienes la introdujeron en la misión de San Antonio de Béxar, hoy Tejas, que acabaría convirtiéndose en la principal zona productora de aloe del mundo en el s.XX.

 

 

La ciencia moderna adopta el aloe.

Bajo el imperio de la ciencia se empieza a valorar todo lo que es manipulable en laboratorio y se desprecia el saber popular y las supersticiones del vulgo -una actitud nada desinteresada, porque en realidad encierra la defensa del estatus y de los intereses económicos de los laboratorios, ya que, en principio, no había ningún interés en el uso de productos que no podían ser patentados para el propio beneficio, y el aloe no era un invento de nadie, sino una simple planta natural.

 

Sin embargo, en algunos países hay quienes le siguen prestando atención a la planta. Japón (en la lucha contra el cáncer), la antigua Unión Soviética (que hace uso de ella para el tratamiento de las quemaduras y la contaminación por radioactividad tras la catástrofe nuclear de Chernobil) y hasta el Pentágono en EEUU, investigan las propiedades de la planta, y pronto se empiezan a ensayar sistemas de estabilización (en forma de cremas) y comercialización de la planta.




Propiedades del aloe.

 

Dados los componentes naturales del aloe es fácil comprender por qué su uso ha sido tan extenso y variado a lo largo de la historia.

  • La ALOÍNA, que explica su eficacia como laxante. Es quizás el único elemento que puede tener efectos secundarios no deseados y actualmente se tiende a eliminarla de los zumos.
  • Las ANTRAQUINONAS, de propiedades laxantes y analgésicas, pero también antibióticas, antivíricas y bactericidas.
  • Los POLISACÁRIDOS (unos azúcares de efectos estimulantes sobre el crecimiento de los tejidos). Presentes en la pulpa, se empieza a comprender su acción regeneradora en el uso externo (quemaduras, heridas, infecciones...) y también interno (úlceras, artritis, etc.).
  • Enzimas, vitaminas, minerales, etc.

De esta manera, se comprende el origen de su poder antioxidante y de antienvejecimiento (betacaróteno, vit. E, C...), fortalecedor del sistema inmunológico (zinc, vit. C...), regenerador de los tejidos (vit. E, el polisacárido acemanano...), preventivo de infecciones (hierro...), para el buen funcionamiento nervioso y del crecimiento (manganeso), para la formación de nuevas células (magnesio), anestésico (éster de ácido cinámico), funguicida (ácido cinámico), bactericida (antraceno, barbaloína, etc.) etc.

  • La LIGNINA, que posee un extraordinario efecto de penetración en los tejidos, haciendo de vehículo para otros elementos activos como las vitaminas, minerales, aminoácidos, enzimas y demás.

 

 

 

Aplicaciones terapéuticas del aloe.

Se podría considerar al aloe vera como un "sanador universal", que actúa a nivel celular para ayudar a curar y regenerar cada uno de nuestros órganos y tejidos, colaborando en su buen funcionamiento.

 

  1. El sistema digestivo y excretor: Desde la boca (encías, sarro en los dientes, hasta el último tramo del intestino, previniendo el cáncer de colon o las hemorroides). Penetra en las paredes del sistema digestivo, consiguiendo eliminar las bacterias dañinas, facilitando la repoblación de una flora benéfica y favoreciendo la absorción de nutrientes. Su contenido en magnesio láctico reduce la actividad del estómago y su agente alcalinizador contrarresta la acidez y cura o previene úlceras. De vital importancia, pues "somos lo que comemos" y también lo que absorbemos, y un sistema digestivo que no pueda realizar bien sus funciones (problemas de digestión o absorción por exceso de ácidos -estómago-, bacterias -intestinos- etc.) no dejaría que los nutrientes necesarios lleguen a nuestros órganos y tejidos.

  2. Afecciones de la piel: Quemaduras, heridas, inflamaciones, psoriasis, acné juvenil, manchas oscuras de la piel, infecciones por hongos... Los agentes cohesivos e hidratantes, así como su acción antioxidante y antienvejecimiento, y sus efectos desinfectantes, regeneradores y nutritivos, lo han hecho efectivo incluso en el tratamiento de la lepra, en algunos casos.

  3. La artritis: Su poder antiinflamatorio y analgésico (la enzima bradikinasa, éster) ayuda en todo tipo de inflamaciones y lesiones. Su acción regeneradora de las células ayuda en la rotura de los tejidos y los huesos (en los casos de caídas por la pérdida de equilibrio), así como en la descalcificación, al estimular la formación de calcio y fósforo.

  4. La diabetes: En diversas investigaciones se ha visto que disminuye el nivel de glucosa al inyectarse jugo de aloe en la sangre. Pero sobre todo se está utilizando en el tratamiento de los efectos secundarios, como inflamaciones, edemas y heridas.

  5. El asma: El aloe estimula la actividad de los fagocitos, las células inmunológicas que controlan este problema respiratorio. El polisacárido acemanano influye sobre el sistema inmunológico al potenciar la acción de los macrófagos y las monokinas, que destruyen cualquier elemento invasor extraño. A lo largo de la historia ha quedado claro su potencial para tratar las enfermedades respiratorias, incluida la tuberculosis.

  6. El corazón: Diversas investigaciones han demostrado la buena influencia sobre el corazón de las sales de calcio isocitrato, presentes en el aloe. Otros experimentos han demostrado la reducción de ataques de angina de pecho así como del colesterol LDL, el malo. Además, parece demostrado que la pulpa de aloe disminuye la presión sanguínea.

  7. El cáncer: Muchas investigaciones actuales se están centrando en el aloe para el tratamiento del cáncer, así como de sus efectos secundarios. En concreto, en el acemanano de aloe vera, que ya se está utilizando en muchos casos y podría constituir un tratamiento efectivo en muchos casos de cáncer, como la leucemia. Las inyecciones subcutáneas de aloe y otros tipos de tratamientos con jugo de aloe, parece ser que contribuyen a reducir el tamaño de la masa tumoral.

  8. El sida: El acemanano también ha demostrado ser de gran efectividad en el caso del sida, y totalmente desprovisto de toxicidad. Se han utilizado métodos combinados con otros productos naturales (como los ácidos esenciales omega 3) y dietas limpias de origen ecológico. Al mismo tiempo, combate a las innumerables enfermedades denominadas "oportunistas" (como el cáncer, úlceras, enfermedades de la piel...) por sus cualidades antivíricas (antraquinonas) y de reforzamiento del sistema inmunológico (bradikinasa, zinc, vit. C, betacaróteno...), estimulando además la multiplicación de los macrófagos, las células T y las células CD-4.

 

 

Su uso más extendido: el cuidado de la piel.

Si bien parece bastante evidente que el aloe vera puede ser un tratamiento efectivo en muchas y diversas afecciones, y sobre todo un preventivo de todas ellas, dado su poder de fortalecimiento celular y del sistema inmunitario, entre todas sus aplicaciones, la que más demostrada y de uso más extendido se refiere al cuidado de la piel, en cualquier situación -quemaduras, infecciones, picaduras, alergias, etc.

 

 

¿Por qué funciona de forma tan eficaz el aloe vera, en el cuidado de la piel?

 

  1. Por los efectos saponificadores (o de limpieza) de los aminoácidos y los polisacáridos. Esta combinación hace que la grasa que obstruye los poros se convierta en sustancias jabonosas de fácil extracción.

 

  1. Las vitaminas (A, B1, B2, B6, B12), junto a los azúcares vegetales y los polisacáridos tienen un efecto regenerador y nutritivo de la piel, que se manifiesta en:

-         la flexibilidad de las fibras elásticas de la dermis,

-         la tonificación de las fibras musculares,

-         el fortalecimiento de las fibras de colágeno (evitando la aparición de arrugas y patas de gallo),

-         y la estimulación de la producción de nuevas células epiteliales.

 

  1. Los minerales (socio, potasio, hierro y zinc), en combinación con los aminoácidos, proporcionan un PH adecuado que favorece la reproducción de las células epidérmicas.

 

  1. La acción bactericida de las antraquinonas protege contra los contaminantes del medio ambienta, maquillajes, etc.

 

Sin embargo, todas estas propiedades sólo se revelan eficazmente cuando el producto es bueno, está en buenas condiciones y se utiliza de la manera adecuada.

 

 

 

 

 

¿En qué debemos fijarnos cuando adquirimos un producto de aloe vera?

 

  • Mirar la etiqueta: Aloe vera debe aparecer en primer lugar en la lista de los ingredientes.
  • Que sea pulpa de aloe vera cruda sin diluir en una parte de agua superior al 25% (aunque esto es difícil de detectar en el etiquetaje). Evitar el "extracto de aloe", que define al aloe excesivamente diluido en agua.
  •  Evitar el "aloe vera reconstituido", fabricado con polvo de aloe, de menor eficacia.
  • El aloe debe haber sido estabilizado y procesado en frío.
  • Asegurarse de que en la lista de ingredientes no hay productos químicos, sólo naturales. Evitar los colorantes y saborizantes artificiales, lejías, etc.
  • El nivel de polisacáridos debería oscilar entre 600 y 2.000 miligramos por litro (aunque este dato es difícil de detectar en el envase).
  • Asegurarnos de que la marca tiene una patente. La patente nos garantiza, al menos en teoría, que se ha podido demostrar científicamente su eficacia. Algunas marcas sin patente pueden ser buenas, pero no lo sabemos. 
  • Atención a los sellos de calidad: IASC, Consejo Científico Internacional del Aloe (controla la calidad del producto, pero muchos miembros son directivos de algunas empresas y podrían influir a su favor); Kosher, de origen hebreo, garantiza la pureza; Garantía de Aprobación Islámica ...
  • El envase debe impedir el paso del aire y la luz.

 

Atención: la pulpa y los zumos, una vez abiertos, deben guardarse en la nevera, y evitar su congelación -porque contiene proteínas y enzimas que se destruyen en el proceso de descongelación.



El libro:

"Aloe Vera: La planta de las mil caras".


Marié Morales.
Ed. Tikal.
114 páginas. 9 euros.

 

 

 


Texto: Marié Morales.




















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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