Jorge Pigem:

Esta crisis puede ser como una vigorizante ducha fría.


Estamos viviendo un rito de paso de un sistema consumista inhumano y desigual
a un mundo postmaterialista en el que podremos vivir mejor con menos.


En los últimos milenios nos hemos dedicado a explorar y explotar los recursos externos ignorando los internos. Pero mientras que ya sabemos que los recursos energéticos del planeta son limitados, no hemos empezado a ver todavía que lo verdaderamente ilimitado es nuestro potencial, descubrir quiénes somos, nuestros talentos para crear, comunicarnos, relacionarnos, etc.

 

Desarrollo económico y felicidad no son realidades que crezcan de forma directamente proporcional. Esta crisis que vivimos puede ser una "buena crisis" (el momento en que se inicia la curación), un rito de paso a otro mundo de características distintas. Y a otro ser humano de características distintas también. Porque esta crisis no es sólo económica o de valores, es, además, una crisis del modelo de inteligencia y significa un reto para redescubrir otras formas de inteligencia: intuitiva, artística, interpersonal o intrapersonal. Para dar luz, en fin, a un nuevo ser humano en una nueva sociedad postmaterialista.

 

¿Qué tiene de bueno esta crisis?

Que nos ofrece la oportunidad de mejorar las cosas. La expresión "buena crisis" se refiere originalmente al momento en que una enfermedad se cura. Pero, para curar una enfermedad, el primer paso consiste en darnos cuenta de que está ahí. Antes de que apareciera esta crisis económica, ya había problemas de índole global, que se manifestaban en fenómenos como el cambio climático; la educación, que ya no acaba de funcionar; la relación complicada entre padres e hijos, o entre parejas, de corta vida; la sanidad. Pero como la economía parecía funcionar y consumíamos todo lo que queríamos y más, vivíamos en el espejismo de que todo estaba bien, que el sistema funciona, aun con todos estos problemas de fondo. Lo bueno de esta crisis es que nos ha hecho conscientes de que el sistema no funciona, que este ritmo de vida no se puede mantener, pero que, en cualquier caso, tampoco éramos felices.

 

¿Qué es lo malo del ritmo de vida que manteníamos?

Muchas cosas. Para empezar, que de acuerdo al ritmo de consumo que llevábamos en España, necesitaríamos disponer de los recursos de dos planetas y medio como el nuestro, y evidentemente no contamos con eso. Y no es el único país que se pasa: Estados Unidos necesitaría 5 planetas Tierra y Luxemburgo 9.Y eso es así mientras la mayoría de la población no dispone de recursos ni para alimentarse, no hablemos ya de sanidad, educación, etc. Ni el ritmo de vida ni el desequilibrio se podían mantener por más tiempo.

 

Demasiado consumo para poco bienestar en la sociedad del bienestar.

Claro, porque la sociedad materialista del consumo te alienta a no gozar del presente inmediato sino a posponer la felicidad al futuro, "cuando tengas más". Este sistema te impulsa a abandonar el momento presente, a no estar satisfechos en el aquí/ahora. Y, sin embargo, todos los maestros orientales y occidentales te dicen que la auténtica felicidad se halla en el aquí/ahora, en la conciencia plena del momento presente. Por eso no funcionaba. Por mucho que consumiéramos, seguíamos con la mirada puesta en el futuro, "cuando tengamos más".

 

La adicción al deseo.

Sí, una adicción que te mantiene en un deseo nunca satisfecho. Para seguir consumiendo más. Ahora sabemos que ése no es el camino. Si sabemos utilizarla, esta crisis puede ser como una vigorizante ducha fría.

 

¿Y lo estamos haciendo? ¿La estamos utilizando bien?

De momento, creo que no. Lo que se está persiguiendo es la recuperación económica, volver a donde estábamos, pero eso no es posible. Es como si en el siglo XX nos hubiera tocado la lotería y nos hemos fundido todo lo que teníamos y más y ahora queremos volver a donde estábamos, pero ya no es posible, lo hemos derrochado todo. Medíamos nuestro bienestar por el Producto Interior Bruto, pero este PIB podía generarse a partir de accidentes, tragedias, guerras. haciendo economía al paliar problemas que había originado el propio sistema. Pero generar dinero no significa generar bienestar. En el cuadro del Índice de Felicidad del Planeta, ¿sabes qué país ocupa el primer lugar? Costa Rica, un país sin ejército. Mientras que EEUU ocupa la posición 114, entre Madagascar y Nigeria. España ocupa el lugar 76, justo detrás del Reino Unido y Japón.

 

Usted dice en su libro que esta crisis puede ser un rito de paso, ¿de dónde hacia dónde?

Los ritos de paso, esenciales en todas las sociedades tradicionales, nos obligan siempre a confrontarnos con nosotros mismos, a reevaluar quiénes somos, a dónde vamos. En este rito de paso que estamos viviendo ahora, de espectadores pasamos a convertirnos en participantes en la construcción de un mundo más humano. Pasamos de un mundo donde estábamos hipnotizados por el espejismo de un sistema consumista inhumano a un mundo donde podamos vivir mejor con menos, en el que podamos ser nosotros mismos, en contacto con nuestro interior y con el entorno -la naturaleza, el universo.

 

Ser nosotros mismos. A veces no resulta fácil encontrar respuesta a esa pregunta.

No desde donde estamos, porque hemos aprendido a identificarnos con lo que tenemos y fuera de lo que poseemos o lo que hacemos nos resulta difícil saber quiénes somos. Pero hay que hacerse la pregunta. Y es verdad que la respuesta te puede llevar a un mundo de paradojas, de incógnitas, de silencio. Porque lo que eres no es lo que hay dentro de tu piel. Eres una parte del Cosmos. Descubres que no hay diferencia entre tú y el universo. Y a partir de ahí, si integras de verdad este conocimiento, tu pensamiento, tu actitud, tus acciones, tus objetivos, tus valores van a ser radicalmente distintos al viejo paradigma egoísta y consumista.

 

Como por ejemplo.

Para empezar, viviremos en armonía con lo que nos rodea. Se acabó la explotación irracional del planeta, de los animales, de otros seres humanos. Aprenderemos a vivir mejor con menos.

 

¿Qué más?

Descubriremos nuevos potenciales internos. En los últimos milenios nos hemos dedicado a explorar y explotar los recursos externos ignorando los internos. Pero mientras que ya sabemos que los recursos energéticos del planeta son limitados no hemos empezado a ver todavía que lo verdaderamente ilimitado es nuestro potencial, descubrir quiénes somos, nuestros talentos para crear, comunicarnos, relacionarnos, etc.

 

En nuestra relación con el mundo externo nos sentimos cómodos y seguros porque nos resulta familiar, pero hablar del "mundo interior" nos resulta abstracto, por poco conocido, y hasta produce vértigo.

Sí, pero ese vértigo es como despegar en un avión que te lleva a un horizonte nuevo. Dejas atrás un mundo que no es bueno, que está equivocado, que no funciona, y te enfrentas a la incertidumbre. Pero eso es parte del camino, de la buena crisis.

 

La incertidumbre no nos gusta, no nos sienta bien; preferimos las certezas y tenerlo todo controlado. Eso sí nos da seguridad.

Pero es que la seguridad es un espejismo, un autoengaño. Queremos tener la impresión de que lo tenemos todo perfectamente planificado, lo que haremos durante el día, la semana, las vacaciones que vienen, nuestra vejez, etc. Lo sabemos por la experiencia personal y cotidiana y por lo que nos dice la ciencia actual, que nos demuestra que esa certeza es irreal. A partir de la ciencia cuántica se acaban las certezas y ahora nos basamos en procesos probabilísticos.

 

Todo es impermanente e impredecible.

Y está conectado. La idea de separación que impulsó el individualismo ya no vale. La teoría del caos nos demuestra que el aleteo de una mariposa en Mallorca puede desencadenar un tornado en Argentina. Y que existe un nivel de impredecibilidad hasta en los movimientos de los planetas.

 

¿Cómo nos afectan las ciencias actuales, la nueva interpretación científica de la realidad, a nivel colectivo e individual?

Ya no podemos seguir sintiéndonos individualistas y separados. Fue la propia angustia que le produjo a Descartes descubrir que el conocimiento no es seguro sino cambiante lo que le hizo decir que "la ciencia nos ha de llevar a ser dueños y poseedores de la naturaleza". Un error que nos condujo a la explotación desmedida y los desequilibrios ecológicos. Ahora no solo tenemos que aprender a sentirnos cómodos en la incertidumbre sino también a dejar de creernos poseedores para vernos como parte de la naturaleza, y convivir de una manera armónica y equilibrada con todos los seres incluidos en ella.

 

Un gran cambio en nuestras relaciones con el entorno. ¿Y en lo que respecta a nivel personal, a la mente humana?

En el último siglo le hemos dado mucha importancia a la inteligencia calculadora y matemática pero ahora se abren nuevas puertas a nivel intuitivo, artístico, interpersonal (en las relaciones), intrapersonal (contigo mismo). La crisis que vivimos es también una crisis de este modelo de inteligencia calculadora y significa un reto para redescubrir otras formas de inteligencia como las que te he mencionado.

 

Desarrollarlas no significa que ya no existan.

En absoluto. De hecho, la mayor parte de los avances científicos los demostramos con la lógica pero los descubrimos con la intuición. El principio de Arquímedes lo descubrió en la bañera. Otros grandes descubrimientos fueron revelados en un sueño, o en medio de un paseo por el parque o en la naturaleza, etc.

 

En un mundo materialista, creemos mucho en la materia y poco en la intuición. Creer en la propia intuición significa creer en uno mismo, pero sabemos poco de ese "uno mismo" para creer en él.

Pues necesitamos recuperar la confianza en nosotros mismos y en nuestras intuiciones. Necesitamos recuperar la brújula interior para navegar esta crisis y el conjunto de nuestra vida. Ya no podemos pensar en volver a donde estábamos sino avanzar. Esta crisis nos lleva a abrazar cosas nuevas, a reinventar todo lo que hacemos y a rediseñarlo todo (la educación, la sanidad...), incluidos nosotros mismos como personas.

 

¿Y cómo será ese nuevo ser humano en una nueva sociedad que usted denomina postmaterialista?

Depende de cada uno. De las preguntas que se haga y de las respuestas que encuentre. Como todo acto de creación, no se puede predecir. Pero ahora sabemos que la base de lo que somos no es la materia sino lo que sientes que eres, la conciencia. Que la manera en que enfocas el mundo te da un mundo u otro porque crea el mundo en el que vives. Lo vemos muy claro cuando, dependiendo de nuestro estado de ánimo, el mismo paisaje te parece maravilloso o deprimente.

 

Hasta ahí llegamos. Pero luego seguimos pensando que las cosas son como son y que lo único que podemos hacer es controlarlas.

Y nos cuesta cambiar, es verdad. Esto es así porque tenemos una inercia colectiva que nos lleva a hacer las cosas como siempre las hemos hecho. Por eso hay que volver al autoconocimiento, a la voz interior y al silencio, para encontrar nuevas respuestas.

 

Pero muchas veces, la única voz interior que encontramos nos dice lo mismo que la voz exterior, los medios, la cultura imperante.

Y los medios, en general, sólo protegen el estado actual de las cosas. Es curioso que en pocos años ha habido un incremento en la conciencia sobre lo que comemos y hemos aprendido a buscar alimentos más ecológicos, porque sabemos que lo que comemos constituye lo que somos. Pero no le prestamos la misma importancia a los mensajes que oímos y a los estímulos en general, que también acaban formando parte de lo que pensamos y lo que somos. Todo nos influye: la belleza que nos rodea o la falta de belleza, la información que recibimos, etc. Por eso es tan importante seleccionar todo ese alimento también y buscar tiempo para el silencio y el autoconocimiento y la meditación.

 

El mundo que viene.

Si la base de la realidad no es la materia sino la conciencia, se desmorona todo lo que durante siglos pareció de sentido común a la mentalidad materialista y cobran sentido las palabras de filósofos y poetas de Oriente y Occidente.

Empezamos a entender que:

  • No somos espectadores pasivos en un mundo de objetos, sino coautores y cocreadores de un universo de relaciones.
  • Hoy sólo estamos manifestando una ínfima parte de nuestras posibilidades.
  • La mente no está en el cerebro y dialoga con el mundo y las otras mentes de maneras sutiles.
  • Nuestras intenciones configuran nuestro presente, de modo que nuestro mundo exterior refleja nuestro interior.
  • No somos seres materiales que tienen experiencias espirituales ni máquinas genéticas que tienen sensaciones psicológicas sino conciencia envuelta en los velos de la materia, el espacio, el tiempo y la limitación.
  • En el núcleo de la realidad habla el lenguaje de la imaginación, la creatividad y la intuición más que el de las leyes, fórmulas y conceptos.
  • Toda la comunidad de la biosfera revela la belleza y la sacralidad del universo.
  • Cada momento es un regalo.
  • Entre tú y el resto del mundo nunca hay, nunca hubo, ninguna separación.

  

El autor.

Jorge Pigem es doctor en Filosofía. Ha sido profesor del Másters in Holistic Science en el Schumacher Collage (Inglaterra) y ponente invitado en varias universidades internacionales. Colabora habitualmente en diversos medios de comunicación. Es autor de más de 200 artículos, traducidos al alemán, italiano y japonés. Entre sus libros, La odisea de Occidente (Kairós).




El libro.

Buena crisis.

Hacia un mundo postmaterialista.

Editorial Kairós.

190 páginas.

 

 

 


 


Entrevista realizada por: Marié Morales.

 

 


















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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