Matilde de Torres:

Sea cual sea la situación, siempre puedes elegir cómo quieres vivirla.



Transcender significa salir de los límites del pensamiento y abrirse a nuevas posibilidades en el día a día.

 


La crisis que atravesamos no es sólo económica sino global. La forma de vida, la búsqueda de la felicidad en el consumo, la misma interpretación de la vida, de lo que nos ocurre, de nosotros mismos, ya no vale. El nuevo paradigma nos dice que hemos de aprender a mirar de otra manera, a cambiar de posición para ver mejor y con más perspectiva. Abandonar la costumbre de nombrarlo todo. Nos lo explica Matilde de Torres en su último libro, “Detrás de la apariencia” (Ed. Desclée de Brouwer).

 

¿En qué consiste esta “nueva conciencia” que emerge? 

Si nos situamos en un determinado lugar y miramos desde ahí, tenemos un campo de visión, abarcamos un espacio, pero si, por ejemplo, subimos a un monte, nuestro campo de visión aumenta, vemos lo mismo que antes y más cosas, y lo que veíamos antes queda enmarcado en un espacio mayor. La conciencia es nuestra capacidad de ver, de darnos cuenta. La nueva conciencia que emerge, es el resultado de un cambio de situación, es decir, empezamos a mirar el mundo desde otro sitio. Hasta ahora, mirábamos desde la mente, ahora empezamos a mirar desde algún lugar fuera de la mente.
 

Y esto, ¿cómo se traduce en nuestra vida cotidiana?

Este cambio de perspectiva tiene sus consecuencia: todo se redimensiona, lo que parecía muy grande, ya no lo es tanto; lo que parecía que era el final, tiene una posibilidad; lo que parecía totalidad se convierte en parte… Dicho de otra forma, lo que constituye un problema visto desde un ángulo, puede dejar de serlo visto desde otro, o bien pueden aparecer posibilidades distintas de solución. Y lo que es más importante, al tener una visión más amplia surge la posibilidad de establecer relaciones distintas con los acontecimientos, lo que se traduce en vivir de una forma distinta, entender la vida de un modo nuevo.

 

¿Qué significa “transcender”? ¿Qué es lo que tenemos que transcender?

La definición que más me gusta de “trascender” es la que lo explica como “traspasar los límites de la experiencia posible”. Ahora, los límites de nuestras posibilidades los pone la mente, todo lo que no entre en el modelo mental se considera imposible. Date cuenta que, generalmente, de todas las cosas nos hacemos una idea y necesitamos que nuestra experiencia se ajuste a esa idea: ése es el tipo de límites que pone la mente. La mente te dice, por ejemplo, que para ser feliz necesitas tales cosas, y no puedes ser feliz si no las tienes. No puedes ser feliz si no tienes salud, amigos, reconocimiento social, pareja, dinero, una casa… etc., etc. Tenemos una idea de la felicidad, de cómo tiene que ser la vida, de lo bueno y de lo malo, del mundo, de las personas, de nosotros mismos, y esas ideas marcan los límites. Ante los imposibles de la mente hay que buscar algo no mental, eso es trascender, abrirse a nuevas posibilidades en nuestro día a día, en las mil pequeñas experiencias de cada día.

 

Usted dice que estamos en un espacio de transición. 

La transición es el momento en el que aparece algo nuevo, pero lo viejo sigue presente. Ahora están apareciendo la Atención, la práctica del silencio, el Amor, el perdón, la cooperación… como herramientas poderosas. Hoy en día hay millones de meditadores por el mundo, la ciencia estudia el poder de la atención, se introduce la meditación en terapias, en empresas, en ámbitos de lo más variado, crece el sentimiento de solidaridad y cooperación…, pero continúa vigente el viejo esquema del poder. Por eso es un momento de transición.
 

¿Hacia dónde nos conduce esta transición? 

Vamos hacia una humanidad más amplia, regida no por la competencia sino por la colaboración; no por el enfrentamiento sino por el Amor; no por la mecanicidad sino por la creatividad. No podemos esperar a que cambien las estructuras sociales, esas estructuras las mantenemos nosotros. ¿Qué rige tu vida? ¿Cómo vives tus relaciones, en tu trabajo, en tu casa, con tus amigos…? ¿Cuales son tus prioridades? ¿Con qué corriente colaboras cada día? Ese es el único mundo real, el que tú vives, el que tú estás creando.
 

¿Siempre buscamos la felicidad en el mundo que creamos?

De hecho, la felicidad sólo empieza a ser posible cuando dejo de buscarla fuera, cuando empiezo a responsabilizarme de lo que vivo y descubro que, sea cual sea la situación, siempre puedo elegir cómo quiero vivirla.
 

¿Cuáles son las principales dificultades que se nos presentan en la vida cotidiana para ser felices?

La principal dificultad para vivir de otra manera es el hábito, la mecanicidad. Hay una conducta condicionada individual que nos lleva a repetir patrones aunque éstos nos causen sufrimiento, y, además, hay una conducta social aprendida, porque todo el mundo comprende la “vieja forma”. Por ejemplo, si te toca vivir una situación difícil del tipo que sea, todo el mundo comprende y espera que estés mal, “pobrecilla, lo que le ha tocado, lo que tiene encima”, y tú asumes el papel de víctima “como está mandao”. Esto pesa mucho, es una gran carga que se suma a tu propio automatismo que te lleva a responder “como siempre” ante los problemas.
 

Respondemos por inercia, por condicionamientos, aunque esa respuesta no funcione demasiado bien.

Sí. Las ideas aceptadas en el inconsciente condicionan mi vida, de forma que si yo acepté un día que no merezco ser feliz, no me voy a permitir felicidad, y esto no es ninguna rareza, estamos llenos de condicionamientos de este tipo. Para descondicionarnos lo mejor que podemos hacer es salir del condicionamiento.
 

¿Cómo hacerlo?

Pues simplemente manteniéndonos muy atentos, muy despiertos. Si me doy cuenta de mi respuesta automática, el que está dándose cuenta está fuera del condicionamiento.



¿Cuándo nos ayuda el pensamiento y cuando se interpone, para ser felices? 

El pensamiento es un problema siempre que exista una identificación con él, porque entonces el pensamiento “nos tiene” a nosotros en lugar de ser nosotros quienes tenemos pensamientos. Estamos viviendo en un espacio de predominio mental, todo pasa por el filtro del pensamiento; las emociones, las percepciones,… todo lo convertimos en pensamiento, la vida misma pasa a ser un concepto. Hay una vocecilla mental incansable contándonos continuamente una historia de cada cosa que pasa, y habitualmente esa vocecilla se autollama “yo” y toma el mando de nuestra vida, es como una especie de traductor simultáneo que va interpretando la vida según modelos de referencia.

El pensamiento es una herramienta de expresión, de comunicación, de creación, ¡y ya está! Aprendamos a hacer un buen uso de ella.



Si cambia la percepción, cambia la relación que establecemos con las personas, con las situaciones, con la vida. ¿Cómo cambiar nuestra percepción? ¿Cómo ampliarla?

Todo lo vivo está en intercambio dinámico con el entorno, y esta relación se establece en función de lo que percibimos; si cambia la percepción, cambia la relación, es lógico ¿no? Hasta ahí está claro, ahora bien, lo que ocurre es que nuestra percepción está condicionada por la interpretación mental, es decir, percibimos a través de los sentidos, pero según nuestros modelos aceptados (cultura, ideas, conceptos, experiencias previas…) Esas percepciones son interpretadas por la mente y nosotros confundimos esa interpretación con la percepción en sí misma, y, así, nos relacionamos con la interpretación mental de la percepción.
 

Por ejemplo...

Por ejemplo tengo una sensación de calor. Yo no soporto el calor, no me gusta, me cansa, me agobia, entonces la sensación de calor se trasforma en una percepción de agobio, cansancio, rechazo… Pero el agobio, el cansancio, no tiene nada que ver con el calor, hay gente a la que el calor le estimula, le llena de optimismo. Una cosa es la percepción “calor” y otra la interpretación. Como esta interpretación se produce inconsciente y automáticamente, no me doy cuenta y repito y repito mi modo de relacionarme con el calor.
 

¿Qué puedo hacer para cambiar mi respuesta automática?

Para descondicionar la percepción, tengo que separar percepción de interpretación mental. ¿Hace calor? Pues…calor, recibo, me abro a esa sensación, sin más adornos, sin más añadiduras, y probablemente descubra aspectos nuevos. Cuando nuestra percepción se va descondicionando, la vida se despliega nueva ante nosotros. William Blake decía “Si las puertas de la percepción estuvieran limpias, veríamos todo tal cual es: infinito”. Para descondicionar la percepción tenemos que aprender a percibir desde una conciencia silenciosa y atenta, es decir, perder la costumbre de nombrarlo todo.
 


El problema de la memoria: damos las cosas por conocidas. ¿Cómo salir de esa sensación de “ya sé” y abrirse a percibir las situaciones como si fueran nuevas y diferentes (que lo son)?

Aprendiendo a vivir en el presente, en el ahora, aprendiendo a ver la actividad mental como un acontecimiento más que ocurre en este momento.

 


¿Cómo desarrollar confianza para saltar a lo nuevo, cuando no se sabe qué hay al otro lado?

La mejor manera de desarrollar algo es ejercitándolo ¿no? Para desarrollar los músculos hago ejercicio con ellos, para desarrollar la inteligencia tengo que ejercitarla, pues para desarrollar confianza, hay que empezar a confiar. ¿Cómo?, pues empezando por dar pequeños espacios a la improvisación en nuestra vida cotidiana, no quieras tenerlo todo bajo control, confía en que llegado el momento aparecerá la solución, te sorprenderás, y poco a poco la confianza irá ganando terreno, después de todo, creer que controlamos algo es una ilusión.
 


¿Cómo desarrollar la paz interior?

La paz interior ya la tenemos, esa es la buena noticia, no tenemos que hacerla, está ya en nosotros, sólo tenemos que contactar con ella. El fondo, a nivel afectivo, es Paz, lo que ocurre es que nosotros nos situamos en la superficie, donde puede haber calma o tempestad. Es como en el fondo del mar, en lo profundo siempre hay calma, aunque arriba sople el viento. Es cuestión de situación, en el ojo del huracán no hay viento, hay quietud. No hay cosas que nos “den paz”, simplemente hay cosas que favorecen que contactemos con nuestra propia paz. Cuando descubrimos esto dejamos de depender de situaciones externas para estar en paz. Por lo tanto, lo que tenemos que ejercitar en este caso es el aprender a contactar con ese Fondo que somos. A eso nos ayuda la meditación.



Usted nos anima a desarrollar un “yo no-mental” que no dependa del exterior. ¿Cómo?

La herramienta más valiosa para desidentificarnos de la mente es la Atención consciente. El yo-mental aparece porque acepto ser una idea. Toda idea es rígida, es como una foto, por muy buena que sea es sólo una parcialidad de un instante, ya que ese mismo instante podía haber sido recogido de miles de formas distintas y además tiene aspectos que jamás recogerá una foto. Pues bien, con la idea que yo acepto ser pasa lo mismo, es sólo una parcialidad a la que le doy el carácter de identidad (yo soy así). Y, como es natural, siempre me queda pequeña, porque estoy viviendo muchas más cosas que no encajan en esa idea; entonces necesito crearme un yo-ideal que me complete, pero que no es más que otra idea, Y, así, ya está servido el conflicto, siempre necesito ser más, necesito compararme, necesito el reconocimiento del exterior etc., etc. Salir de este tinglado sólo es posible dándome cuenta: Atención, Atención, Atención. Esa atención establece una distancia, hay algo o alguien fuera del tinglado que mira y se da cuenta. La puerta está abierta, ahora sólo queda que vaya cogiendo consistencia ese QUIEN que se da cuenta.
 


Atención y aceptación. Nada que ver con la adicción al bienestar que usted considera el origen de nuestro malestar.

El bienestar está asociado con una serie de circunstancias externas. No entendemos por bienestar que yo sepa “estar bien” en cualquier circunstancia, sino justamente lo contrario, se traduce como la necesidad de tener determinadas circunstancias que son las que nos permiten estar bien. Esto en sí mismo puede ser causa de malestar, porque siempre está el miedo a que esas circunstancias, que no dependen de nosotros, no se produzcan.



¿En qué consiste exactamente la aceptación? 

Aceptar es abrirse a lo que hay, reconocer lo que es. La aceptación es imprescindible para poner en movimiento el proceso creativo. La aceptación no tiene nada que ver con la pasividad, De hecho, cuando aceptamos lo que hay, lo que se ha producido, estamos en mejores condiciones para dar una respuesta adecuada. Sin embargo, nos cuesta aceptar porque el ego se nutre del contraste, se hace fuerte en la oposición; por eso, cuando nos resistimos tenemos la sensación de afirmación (yo frente a aquello) y entramos en un proceso de resistencia que no nos lleva a ningún sitio.



Por ejemplo...

Por ejemplo, si estás en un embotellamiento y no puedes salir de él y vas a llegar tarde a una cita importante, ¿cómo vas a aceptarlo? Te enfadas, protestas, te quejas del gobierno… Al final, llegas tarde, de mal humor, te cuesta entrar en materia en la cita en cuestión, pero tienes la sensación de que has hecho algo. Aunque, si lo miras detenidamente, no has conseguido adelantar tu llegada ni un minuto. Si, por el contrario, aceptas la situación, ya que se ha producido, y pones la radio o simplemente respiras y te haces consciente de ese momento… no vas a llegar ni un minuto antes, pero llegas tranquila, con el ánimo y la mente despejados para afrontar esa cita tan importante en mejores condiciones. ¿Qué crees que tiene más ventajas? Este ejemplo es muy claro porque se ve sin lugar a dudas que el resistirse no cambia el hecho en sí, pero en todos los casos ocurre lo mismo, resistirme a algo que es, no lo cambia, y tampoco nos lleva a ninguna parte.
 


Otro ejemplo: la enfermedad. Cómo utilizarla para crecer?

La enfermedad siempre es una oportunidad. Esto no quiere decir que tengamos que buscarla, de ninguna manera. Estamos llamados a la salud, a la armonía, al equilibrio, pero si la enfermedad se produce tenemos que aprender a verla como el desorden previo a un orden nuevo. Algo no va bien y se desencadena un proceso curativo que es lo que llamamos enfermedad. Toda enfermedad es una invitación a pararnos, a salir de la inercia en la que nos metemos tan fácilmente. Desencadena muchos de nuestros miedos y tenemos la oportunidad de asumirlos, de verlos. Creo que es muy importante que aprendamos a vivir la enfermedad muy conscientemente, no sólo como una alteración física o biológica, sino también en el plano emocional y mental, ya que no estamos divididos.
 


Usted dice que las relaciones humanas son un campo de experimentación para solucionar nuestros conflictos más profundos.

Lo importante en las relaciones (igual que en todo lo demás) es que me dé cuenta de que siempre soy yo la responsable de lo que vivo; es decir, que los demás no me hacen feliz ni desgraciada, simplemente provocan en mi una respuesta de afirmación o de negación de mí misma, una respuesta que estimula mi afectividad, mi energía y mi inteligencia o bien la bloquea, y esta respuesta, en cualquier caso, esta condicionada por mis creencias profundas: lo que considero bueno, lo que considero malo, lo que va a favor de mi yo-ideal, lo que va en contra de mi yo-ideal... Por eso, en las relaciones con los demás tengo la oportunidad de conocer cuáles son mis resortes más profundos, siempre que deje de culpar a los otros de lo que yo vivo. Eso no quiere decir que los otros tengan razón, que lo que hagan esté bien o que tenga que justificarlos, sino que distingo muy bien lo que depende de mí. La decisión de mantener o cortar una relación no es lo importante, lo fundamental es ¿qué grado de responsabilidad hay en mi decisión, sea la que sea? ¿Estoy culpando a los otros? ¿Estoy huyendo? ¿Tengo algo que aprender o son los demás los que deben aprender? Cuando me vivo detrás de mis creencias, mis respuestas no están condicionadas.
 

Niveles de relación.

  1. Yo primitivo.
    El primer nivel de relación es el que se establece desde una identidad situada en un yo mental primitivo que se encuentra totalmente aislado. Todo lo que no entra dentro de su círculo de intereses, sencillamente no existe y todo lo que existe tiene que estar al servicio de sus intereses. Aquello que no responda a sus exigencias se considera una amenaza y por tanto hay que eliminarlo. Este yo primitivo no entiende que pueda haber otra cosa que no sea su propia visión. Si el otro coincide con lo que él quiere, todo son parabienes, alabanzas y complicidad, pero si en un momento dado a la otra persona se le ocurre actuar de forma que ponga en peligro us intereses, se declara instantáneamente una guerra sin cuartel.
    Las relaciones que establece este yo son egocéntricas.
     

  2. Yo mental más evolucionado.
    Sigue respondiendo a una idea que tiene de sí mismo pro ya no es tan imprescindible la aprobación exterior. Establece relaciones a un nivel de intercambio simétrico: yo te doy, tú me das; yo te respeto, tú me respetas; tú puedes opinar deforma distinta mientras haya respeto. Hay un flujo de ida y vuelta en igualdad de condiciones, pero sigue habiendo una exigencia de respuesta.
     

  3. Yo no mental.
    Puedes ver a los demás más allá de su personalidad concreta y sabes que detrás de la apariencia sólo hay un ser que está queriendo expresarse y choca con las construcciones mentales que le aprisionan. En sus relaciones no hay exigencias porque no hay miedo. Se asume la responsabilidad total de lo que se vive, liberando a los otros de “la culpa”. Nadie es responsable de mi respuesta ni de lo que siento. Como no espera compensación, no hay posibilidad de desilusión.

 

Frases:

Mientras nuestra identidad sea una identidad mental (el ego), las relaciones estarán determinadas por el juego de fuerzas que marcan el deseo y el miedo (de donde arrancan todos los conflictos de la convivencia).
Cuando nos relacionamos con el yo mental creamos una identidad con la idea que nos hacemos de las personas y establecemos la relación no con la persona en sí misma sino con la idea que nos hemos hecho de ella.
(El yo no-mental) distingue claramente entre la acción y el sujeto que hay detrás... y en ningún momento se pierde el contacto con aquello que constituye la identidad profunda en el otro, aunque la persona en cuestión sea inconsciente de ella, hipnotizada por su pequeño ego.

 

La autora.

Matilde de Torres es licenciada en medicina y ha estudiado Sofrología. Imparte cursos de autorrealización, siguiendo las enseñanzas de Antonio Blay, y Hatha Yoga, de la mano de su maestro Enrique Moya. Dirige grupos de meditación y es autora de varios libros, entre ellos, “Para que la vida te sorprenda” y “Cuando el silencio habla”, ambos publicados en Desclée de Brouwer.

 


El libro.

Detrás de la apariencia.

Editorial Desclée de Brouwer.

139 páginas.










 


Entrevista realizada por: Marié Morales.



















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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