¿Por qué envejecemos?

Pautas para una vida más larga, joven y sana.

Hay explicaciones para todos los gustos (la teoría de los radicales libres, la de la acidificación de los tejidos, etc., etc.), y todas tienen algo que aportar. Para empezar, echémosle un vistazo a los elementos más básicos que dan lugar a esta construcción que es el cuerpo humano: las células.

 

El primer ladrillo: las células.

Las células tienen una existencia limitada. La duración de su vida varía dependiendo de qué tipos de células se trate (del sistema nervioso, del cerebro, del corazón, musculares, etc.), pero en general podemos decir que en estos momentos ni una sola de las células que constituyen nuestro cuerpo estaban ahí hace dos años, sin ir más lejos. De la misma manera, de este cuerpo con el que ahora te identificas no quedará nada en el plazo de dos años. Pero tú seguirás estando ahí. El "misterio" está en que esas células de vida limitada se regeneran constantemente, sin prisa pero sin pausa. Pero esa regeneración no es indefinida, sino que llega un momento en que esa capacidad de renovación va perdiendo eficacia y el proceso se va ralentizando hasta que ya no da más de sí.
Hasta aquí todo el mundo de acuerdo.

 

Teoría del código genético.

Hay quien dice que esta programación de la vida celular es lo que dicta la duración de nuestra vida. Y ahí está la respuesta al envejecimiento, la enfermedad y la muerte.
Ha habido épocas en que esa capacidad de regeneración celular se ha situado en una media de 20 años de vida, aumentando sucesivamente a los 30, 40, 50 y hasta los 80, que es una edad media que, más o menos, ha venido aceptándose en las últimas décadas, en los países denominados "desarrollados". La explicación a esta prolongación de las expectativas de vida se encuentra en la disminución de los "accidentes" naturales (desde los ataques de otros animales más fuertes hasta las guerras, pasando por las hambrunas y demás) y los avances de la ciencia, encontrando soluciones a un buen número de enfermedades.
Sin embargo, no se halla aquí ni mucho menos el "destino" de nuestra longevidad. En la actualidad se barajan cifras que rondan los 120 años, para la expectativa de vida humana. Pero los avances científicos en el terreno genético nos dicen que es sólo cuestión de tiempo el que esta cifra se prolongue aún más. En la actualidad, las investigaciones se están centrando en la glándula pineal y la hormona que ésta produce, la melatonina. Aunque estas investigaciones aún están en pañales, los datos con que se cuentan en la actualidad sugieren que no es imposible volver a desbordar una vez más el reloj biológico que dicta el ritmo de nuestra vida en la actualidad.
Pues bien, ahí tenemos una teoría (la de la programación celular o el código genético) digamos determinista.

 

Teoría del deterioro celular.

La segunda gran teoría se refiere al "daño" celular. Según ésta, es el daño acumulado, la agresión continuada provocando el rompimiento y el debilitamiento celular, lo que determina nuestras expectativas de vida.
Según esta teoría, unas células bien protegidas podrían regenerarse si no indefinidamente (la inmortalidad aún queda muy lejos de nuestro alcance, aun en los países que denominamos "desarrollados"), sí en una duración que podría contarse por siglos en vez de años. Esto es, en una situación ideal que hoy por hoy aún queda dentro del terreno de la ficción.
Pues bien, aún dentro del terreno de lo real, de las condiciones reales actuales, hay mucho que podemos hacer para prolongar la vida en óptimas condiciones. ¿Cómo? Ya está dicho: frenando el daño celular, disminuyendo la acumulación de agresiones por todos los medios a nuestro alcance. En esto consiste la juventud, no en el número de años que confiesa nuestro carnet de identidad.
Un conjunto de células "nuevas", poco maltratadas, fuertes, flexibles y lubricadas (para afrontar las agresiones externas sin romperse, sin acumular deterioro), hacen unos tejidos fuertes, que conforman a su vez un organismo fuerte y "nuevo". Joven.
Como vemos, pues, la edad es más que relativa. Y de ahí nuestra utilización reiterada del término "joven"/crecejoven, que no pretende ser un canto a la juventud divino tesoro (de eso ya se encarga la publicidad, en todas sus formas, incluido el mundo de escaparate en el que nos movemos), sino a nuestro potencial intrínseco. La juventud es tan relativa como todo lo demás.

 

Podemos vivir más y mejor.

Pues bien, centrémonos ahora en la teoría del daño celular.
Sea cual sea nuestra expectativa de vida (y recordemos que las teorías más recientes giran en torno a los 120 años, tras estudiar la longevidad de algunos pueblos del Japón o el Himalaya, por poner unos ejemplos donde la vida es naturalmente larga y sana), la realidad es que, en general, la acortamos bastante, y lo que es peor, la vivimos en malas condiciones. El cáncer y el infarto se llevan la palma en cuanto a acontecimientos fatales, pero hay otros problemas más leves que se convierten en compañeros inseparables con los que aprendemos a sobrevivir, mejor o peor, como las artrosis y reumas, problemas de huesos, el colesterol, la tensión alta, dolores musculares, desviación de la columna, ciáticas, por no hablar de las gripes y catarros recurrentes, problemas digestivos, dolores de cabeza y, en fin, una lista interminable que nos acompañan a lo largo del viaje como si formaran parte imprescindible del equipaje. Todas estas disfunciones tan aparentemente diversas tienen algo en común, y es que nuestro componente más básico, las células, se están debilitando, y, muy especialmente, nuestro sistema inmunológico o defensivo, ha fracasado en su función de mantener el equilibrio y proteger el correcto funcionamiento de nuestro organismo.
 

El gran enemigo: los radicales libres.

Hace décadas que la teoría del daño celular ha encontrado el culpable de todos los males, y le ha bautizado con el nombre de radicales libres. Los radicales libres son átomos o fragmentos moleculares de gran velocidad con un gran potencial de destrucción, porque se mueven, no sólo aniquilando lo que encuentran a su paso, sino transformando en nuevos radicales libres todo lo que tocan, los átomos más sanos. De esta manera, el ejército invasor se va haciendo más y más numeroso y destructivo.

 

Antioxidantes contra radicales libres.

Afortunadamente, como en todas las películas, contamos con otro ejército de "buenos" capaces de frenar el avance de los "malos", con un sistema de guerra similar al suyo, esto es, convirtiendo en "buenos" a los soldados "malos" con sólo tocarles. Y éstos, los "buenos", son los antioxidantes. Del resultado de esta lucha depende la proporción de salud/enfermedad de nuestro organismo. Si los radicales libres son numerosos y les permitimos desarrollarse con generosidad, su efecto sobre las células y, consiguientemente, los tejidos, será nefasto, dando lugar a un envejecimiento prematuro, con la consiguiente debilidad y mal funcionamiento. Si por el contrario, dificultamos su entrada en nuestro organismo y damos paso, en su lugar, a la entrada de un ejército potente de antioxidantes, nuestras células se verán protegidas y fortalecidas, capaces de cumplir la función para la que han sido diseñadas.

 


Texto: Marié Morales.


















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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