Jean-Claude Kaufmann:

Los conflictos surgen al creer que la otra persona es como tú y debe hacer las cosas de la misma manera.



Las crisis siempre rompen un vínculo, pero, una vez superadas, se puede construir una nueva identidad personal y de pareja aún más sólida.


La pareja actual se enfrenta a muchos más retos que décadas atrás. Por una parte, es concebida como un espacio de paz y tranquilidad, un espacio protegido; por otra, puede ser un terreno para la colaboración y el crecimiento personal, para el descubrimiento y la aventura. El problema es cuando las prioridades no coinciden. Según Jean-Claude Kaufmann, autor de “Irritaciones. Las pequeñas guerras de la pareja” (Gedisa), los hombres tienden a valorar la tranquilidad y por eso odian los conflictos y las altas exigencias de las mujeres, más atraídas por el crecimiento, el descubrimiento y la aventura. Pero aún así la comunicación es posible. El punto de partida está en aceptar las diferencias y no creer que, en la pareja, uno más uno es igual a uno.
 

Las irritaciones no surgen espontáneamente, sino que se van cocinando a fuego lento, a base de fricciones… ¿De dónde surgen esas fricciones?

Del hecho de que tenemos la impresión de que conocemos a la otra persona, cuando no siempre es así. Así que cuando no responde como esperamos, nos sorprende y hasta nos frustramos. Pero no decimos nada porque queda mal, y también porque es irracional, pero esas pequeñas frustraciones se van sumando. En la pareja, aún va más allá, y llegamos a creer que somos uno, una unidad, pero no es así porque cada persona tiene maneras de ser y actuar diferentes.

 

Pero eso no sale a la luz en un momento avanzado de la relación, ya nos conocimos siendo diferentes, ¿no?

Sí, pero al principio, esas diferencias no nos irritan, al revés, alegran nuestro mundo, o lo entretienen, o lo enriquecen, o nos divierten. Hasta que un día ya no es nada nuevo y nos damos cuenta de que no nos gustan.

 

¿Y por qué nos molestan tanto esas diferencias?

Porque el ser humano suele estar tan convencido de sus propias ideas, de su propia manera de hacer las cosas, y no entiende que otra persona lo vea diferente. Este objeto tiene que estar aquí y las cosas en casa tienen que hacerse “así”, y si no ocurre de esta manera, te sientes fatal. La frase “no es así como se hace” está latente todo el tiempo en las pequeñas y grandes fricciones y en todas las irritaciones.

 

¿Por eso es tan importante negociar, antes de la convivencia?

Sí, pero tampoco garantiza nada, porque no es fácil cambiar los automatismos profundos del individuo. Es conveniente negociar, sí, y hacer esfuerzos por adaptarse a los acuerdos, pero no podemos esperar milagros. Quiero decir que si las formas de ver y hacer las cosas son diferentes, los conflictos acabarán surgiendo a pesar de todos los acuerdos.

 

¿Cuáles son los principales errores que cometen las mujeres en sus relaciones de pareja?

No sé si calificarlos como errores. Pero en general, lo que ocurre es que sus expectativas son muy altas. Sobre el cuidado de la casa, la educación de los hijos y sobre el significado de la pareja en sí. Los hombres tienen una visión más tranquila de cómo debe funcionar la pareja. Pero no sé si es un error. Simplemente eso es lo que ocurre.

 

Quizás no es un error pero compromete la relación y acaba creando conflicto.

Sí, porque sienten que los hombres no están a la altura de su papel en la pareja. Ni emocionalmente ni de ninguna forma. Por ejemplo, que no hace los suficientes esfuerzos en las tareas domésticas, a veces ni siquiera con sus propias cosas, van dejando sus calcetines o su ropa interior por ahí… Cuando las cosas no funcionan, las mujeres quieren cambiar las cosas.

 

¿Y los hombres no?

Es que para ellos, muchas veces funciona. No ven donde está el problema, no hay problema.

 

Eso quiere decir que la pareja significa cosas diferentes para él y para ella.

En la sociedad actual, la pareja tiene dos funciones. Por una parte, se espera que sea un espacio de tranquilidad y protección, como una isla de paz fuera de la selva urbana, profesional, etc. Pero también es un espacio de descubrimiento personal y de la otra persona, un espacio para la aventura y el crecimiento. Pues bien, a menudo los hombres prefieren quedarse sólo con la primera parte.

 

Y eso no basta cuando en la vida todo está en continuo movimiento, cambio…

No me malinterpretes. Ellos están dispuestos a ofrecer mucha felicidad, o al menos eso es lo que les gustaría creer, pero están cansados, no quieren entrar en negociaciones, conflictos, situaciones difíciles que resolver…

 

Extraña visión, porque nadie puede ofrecer la felicidad a nadie ni tampoco es posible evitar las dificultades de la vida.

Claro, por eso les frustra y les duele tanto descubrir que no pueden hacer felices a sus parejas con lo que son. Pero es que no pueden, nadie puede. Y respecto a los problemas y dificultades, prefieren negarlas, evitarlas, escapar…

 

¿Y las mujeres?

Ellas persiguen el diálogo, comunicarse, hablar, negociar, tomar decisiones…

 

En ese estado de cosas, no siempre va a funcionar hablar. Especialmente cuando el otro se cierra, se agobia, se cansa.

Efectivamente, acabas de tocar un punto muy delicado. Si bien es cierto que es muy importante la comunicación y que intentar hablar siempre es una regla absoluta, también es verdad que a menudo es muy difícil hablar en el marco de la pareja. Y, además, hay ciertos temas que no se pueden tratar, o que no se pueden tratar en cualquier momento, o que no se pueden tratar de cualquier modo.

 

En la pareja la comunicación se complica.

Enormemente. A menudo no se pueden tratar ciertos temas directamente, en especial los temas que más urge tocar, los temas de conflicto. Entonces, hay que buscar maneras alternativas, dar vueltas, buscar situaciones apropiadas… En este sentido, las mujeres lo tienen especialmente difícil. No tienen en los hombres unos buenos aliados.

 

O sea, que acaban relacionándose con alguien muy diferente al compañero que buscaban.

Las conversaciones entre parejas son muy extrañas. Pueden sentirse muy cómplices y de repente, en un momento todo cambia y empiezan a ver al enemigo delante.

 

¿Pero eso suele ocurrir cuando hay muchas fricciones previas que no se han manifestado, y de repente explotas?

Puede, pero no necesariamente. A veces hablando simplemente de política, por cuestiones ideológicas, empiezas a ver a la otra persona diferente, como el enemigo. En esos casos, hay que saber parar y recordar que hay algo más importante que el tema en sí, que cualquier tema, y es la unidad de la pareja o el amor que sientas por la otra persona.

 

En los momentos de confrontación es difícil recordarlo. Y aun recordándolo es difícil parar y reconducir la discusión, cambiar de tema. ¿Puedes sugerirnos alguna estrategia?

El humor. Ponerle sentido del humor a lo que quieres decir, desdramatizar los temas. El humor hace milagros. Haz reír a la otra persona, o hazte reír a ti misma, y la sangre no llegará al río.

 

¿Es posible la comunicación entre hombres y mujeres?

Sí.

 

Rotunda respuesta. Pero tal como nos describe el panorama…

Digo que es posible, no que sea fácil. Pero en realidad tampoco tiene que ser tan difícil, sólo hay que entender que somos diferentes y que las expectativas respecto al mismo proyecto también son diferentes. Desde el momento en que aceptamos esta diferencia, podemos construir algo juntos.

 

¿Está cambiando algo en la pareja? ¿Se comunican mejor las generaciones más jóvenes?

Las parejas más jóvenes suelen hablar más pero no creo que sea una diferencia generacional, sino sólo porque es el principio de la pareja. Pero sí que se ve en ellas un arte de la conversación que no tiene nada que ver con la forma en que se comunicaban las parejas jóvenes en los años 50 o 60.

 

Las relaciones de pareja, ¿resultan un buen terreno para el crecimiento personal, para abrirnos más, desarrollar generosidad, empatía, etc.?

Pues depende. Cuando la pareja funciona, es un marco ideal para la colaboración y para avanzar individualmente; puede ser un gran apoyo práctico cotidiano y también emocional. Pero cuando se entra en relaciones de hostilidad, puede ser un infierno y un freno que dificulta cualquier proyecto, cualquier aspecto de la vida.

 

¿Las crisis son como un goteo que va deteriorando la relación de pareja?

Con la crisis siempre se rompe un vínculo y entramos en una identidad personal, de relación y de pareja diferentes. Hay que volver a construir todo eso. Y comprobar si tienes ganas de hacerlo. A veces la pareja sale reforzada y a veces no. Y a veces las crisis reiteradas, sobre todo si se repite la misma, sí pueden acabar deteriorando mucho la pareja hasta acabar con ella.

 

¿Dónde está el límite? ¿Cómo saber cuándo hay que seguir luchando por la pareja y cuándo abandonar?

Las crisis, las irritaciones, las discusiones en sí no son el auténtico problema crucial, ni siquiera por la intensidad de las frases o incluso de los portazos, sino cómo se reacciona ante ellas. Una reacción hostil de un segundo no es determinante. El problema es cuando la persona se encierra en su mundo y sigue siendo hostil, aunque sea a través del mutismo.

 

Pero, como dice, aun en esta situación las mujeres suelen seguir intentando derribar los muros de incomunicación, recuperar una vez más la armonía. ¿Hasta cuándo merece la pena seguir haciéndolo?

Mientras dure el deseo. Que lo siga haciendo mientras dure el deseo. La clave es cómo te sientes después de la crisis. Ese momento después de la crisis es muy importante. Te levantas la primera mañana después de la crisis y te preguntas cómo te sientes en esa nueva identidad personal con el otro, que sigue a la crisis. La clave está en la sensación de bienestar. Si la sientes, sigue adelante; si no, algo no va bien. Si aún hay deseo, quizás podrías llegar a recuperar la sensación de bienestar. Pero si no hay sensación de bienestar ni deseo, es muy posible que se haya acabado.


¿Qué hacer entonces?

Los hombres suelen no hacer nada, están acostumbrados a esta situación. Si les va mal en casa, se quedan más horas fuera, con los amigos, si tienen, o en el trabajo. Los profesionales suelen encontrar un buen refugio en el trabajo porque le pueden poner un horario sin fin.

 

¿Y qué hacen las mujeres?

Cuando no hay deseo ni bienestar, ellas se separan. Nueve de cada diez divorcios los piden las mujeres. Las mujeres no suelen tener tantos refugios fuera y le dan mucha más prioridad a la vida familiar.


La frase:

Con la crisis siempre se rompe un vínculo y entramos en una identidad personal, de relación y de pareja diferentes.

 

El autor.

Jean-Claude Kaufmann es sociólogo y director de investigaciones del CNRS, en la Universidad de París. Autor de numerosos libros de éxito sobre la pareja y la vida cotidiana, algunos de ellos traducidos a más de quince idiomas.

 



El libro.

Irritaciones. Las pequeñas guerras de la pareja.

Ed. Gedisa.

286 páginas.




























 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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