Vivir a tope:

Cómo sacarle el máximo partido a todas las horas y las actividades del día. 


Aprende a utilizar el poder creativo de tu imaginación para vivir a fondo el instante, guardarlo en la memoria y generar tu energía de bienestar siempre que la necesites.


¿Cuántas horas vives al día? Si descuentas las horas de sueño, las de trabajo (si no lo consideras una actividad personal, sino una mera forma de ganar dinero), los trámites y responsabilidades inevitables (la compra, hacer la comida, ¡incluso comer!...) y el tiempo en el que realizas cualquier cosa pensando en otra (en los problemas, proyectos de futuro o dolores del pasado), probablemente te queden muy pocas horas o minutos de vida llena y consciente.

Nos pasamos la vida esperando que llegue la hora de “plegar”, de acabar el trabajo; o el fin de semana, o las vacaciones; y cuando llegan las vacaciones quizás esperamos la hora de volver a casa, o al trabajo; esperando acabar los estudios para empezar a “vivir”; esperando encontrar un trabajo, o dejarlo; dejar la casa de la familia; crear nuestra propia familia; que los hijos se hagan grandes, para empezar a “vivir”... Nos pasamos demasiada parte del tiempo de cada día “esperando” que llegue el momento de... ¿de qué? Del espejismo donde creemos que encontraremos, al fin, la felicidad. Pero, como ocurre con todos los espejismos, cuando llegamos descubrimos que no estaba ahí.

John Lennon dijo que la vida es lo que pasa mientras estamos ocupados haciendo planes “importantes”, o algo así.

Y el maestro budista kadampa Geshe Kelsang Gyatso (fundador de la NTK) dice: no esperes a que se acaben las tareas cotidianas para empezar a vivir, porque las tareas cotidianas no se acaban nunca. No esperes para empezar a vivir tu preciosa existencia humana con significado, porque cada día que pierdes, cada hora, cada minuto, sin significado, está definitivamente perdido.

 

 

El poder de la atención plena.

¿Y qué significa vivir una vida con significado? ¿Cuáles son tus prioridades en la vida? Da igual si identificas como lo más importante en tu vida tu proyección social o profesional, una pareja estable o una vida independiente, la familia o viajar, sentirte útil con los demás, etc. etc., en el fondo de todas ellas encontraremos el deseo de ser feliz, de satisfacción personal, de paz interior. Y para conseguirlo, una herramienta valiosísima es la práctica de la atención plena, sumamente eficaz desde el principio (en la identificación de tus objetivos y prioridades personales), en el proceso (a través de la memoria y la vigilancia mental) y, cómo no, para la degustación y disfrute de los resultados.

 

  1. Identifica tus objetivos.
    La práctica de la atención plena te ayuda a vivir de manera consciente, a percibir mejor lo que te rodea (externamente) y cómo te afecta internamente. A conocerte mejor. A discriminar cuáles son tus auténticos intereses y preferencia y cuándo son meras influencias o imposiciones del exterior (modas, familia, grupo social, etc.) para ello, empieza dedicando cada día 5 o 10 minutos a relajarte (sentada o tumbada) y abrirte a las percepciones del exterior (sonidos, olores, temperatura, etc.) y del interior (cómo está tu cuerpo físicamente, dónde hay algún malestar, tu estado de ánimo, etc.) Sin juzgar ni rechazar ni enorgullecerse de nada. Implemente como un testigo. Con el tiempo, podrás aplicar este ejercicio de conciencia plena en otros momentos del día (en la cola del cine, mientras esperas el autobús, camino al trabajo, etc.) Con la práctica, comprenderás mejor tus reacciones más profundas y arraigadas, tus preferencias naturales, tus talentos y capacidades y cuáles son las cosas a las que les das auténtico valor en la vida.

  2. Recuerda tus prioridades y vive con coherencia.
    A través de un autoconocimiento más profundo, podrás identificar cuáles son las cosas auténticamente importantes para ti y, en base a ello, elaborar una lista de prioridades en tu vida. A partir de aquí, propónte hacer un ejercicio diario de “memoria”: recordar cada día, al menos una vez y a una hora determinada (por ejemplo, al despertar, tu primer pensamiento) cuál es tu propósito más importante para vivir una vida significativa (por ejemplo: ser útil a los demás, mantener la paz interior en todo momento, etc.) y cuál es tu objetivo en esta etapa determinada (desde acabar la carrera o encontrar el trabajo que has decidido a cuestiones personales como superar tus celos, tus exigencias o tu baja tolerancia a la frustración).Seguidamente, a lo largo del día, acostúmbrate a mantener un cierto nivel de atención o vigilancia mental para asegurarte de que todas las cosas que haces, dices o piensas están en consonancia con tus objetivos y vas haciendo camino en esa dirección, en vez de sabotear tus metas con acciones y actitudes inconscientes que te perjudican a ti y a los demás.

  3. Aprecia lo que hay en tu vida.
    Es la auténtica razón de ser de la práctica de la atención plena. Aprende y acostúmbrate a abrirte a percibir lo que te rodea, porque ahí es donde reside tu riqueza real y muchas veces pasa inadvertida. Valora lo que tienes en estos momentos, porque todo está en continuo movimiento y antes o después dejará de estar, para dar paso a otras cosas. Y, en cualquier caso, esto es lo que tienes, aquí y ahora. Como bien dice Serrat, “no esperes a que se acaben para desear las cosas más que nunca.” Abre tus sentidos al máximo para disfrutar desde la luz, el aroma o la temperatura del día, cambiantes, hasta el trabajo que te realiza o el tiempo libre del que disfrutas cuando te has quedado sin trabajo, tu oportunidad o proceso de crecimiento personal, etc. Sé consciente de cada momento de tu vida y de que estás viviendo una vida con significado, con coherencia con tus valores y objetivos.

 

Los beneficios de vivir despierto.

Aprender a vivir en el presente no es fácil, dadas nuestras fuertes tendencias mentales, a estar continuamente con el pensamiento puesto en lo que ya ha pasado (culpa, apegos, resentimiento...) o en lo que pasará (preocupación, organización y permanente sensación de cosas por resolver). Pero una vez que se empieza a recuperar el hábito de concentrarse en el presente, en lo que estás haciendo en este momento, aquí y ahora, sólo es cuestión de voluntad y de no perder el empeño de ponerlo en práctica. Lo cual se hace más fácil, y hasta con entusiasmo, si tienes en cuenta sus beneficios.

Lo primero que observas cuando empiezas a acostumbrarte a tener la cabeza puesta en el presente, en lo que estás haciendo en cada momento dado, es que se incrementa tu calidad de vida de muchas maneras. ¿Cómo?

 

  1. Mayor sentido de la belleza.
    A medida que percibes mejor las cosas, con más consciencia y presencia, apreciarás mejor y con más intensidad lo bello que te rodea : el esplendor de la naturaleza en las personas, en el paisaje y en las cosas. Cuando mires un espacio natural, un paisaje, una obra de arte o cualquier persona u objeto, encontrarás un conjunto mayor de detalles, aprenderás a contemplar y comprenderás mejor.
     

  2. Mayor alegría, confianza y buen humor.
    Los detalles de la vida, por pequeños que sean, adquieren una dimensión nueva y los problemas ya no tendrán en ti el efecto, el dominio y la esclavitud anterior. Manifestarás la alegría interior con un mayor sentido del humor, como expresión de ese goce interno.
     

  3. Claridad de objetivos.
    Al dejar espacio y silencio para la contemplación, entras también en contacto contigo mismo y puedes ver mejor los verdaderos intereses que te guían; de esta manera puedes asumir lo que realmente deseas y discriminar mejor los caminos que están en coherencia con tus fines. De esta manera, las actividades, proyectos y pensamientos que surjan en tu vida estarán armonizados con tus objetivos más profundos.
     

  4. Recuperación de nuestras creencias espirituales.
    Si crees en alguna religión o sigues algún tipo de espiritualidad, la afrontarás con una óptica nueva, más profunda, más abierta, más universal. Y si no lo eres (al menos según el modo tradicional), sean las que sean las creencias que tengas, adquirirán sentidos y matices nuevos.

     

  5. Mejora de las capacidades.
    Observas que se desarrollan especialmente tus capacidades creativas pero también todas las demás: de análisis, de deducción y, sobre todo, la concentración. También la comprensión, la lógica racional, la voluntad y la memoria. Irán disminuyendo esos estados de “bloqueo mental” y tu trabajo o estudio se hará menos dificultoso.
     

  6. Desarrollo de las habilidades sociales.
    El trato con los demás se volverá más fluido, libre de prejuicios, más tolerante, menos agresivo, más acogedor. Verás a los demás como te ves a ti mismo y les aceptarás de la misma manera en que te aceptas a ti: con más amor y comprensión.
     

  7. Mayor serenidad.
    Más paciencia, más aceptación, mejor apreciación de lo que te rodea, sin juicios personales. Un abrazo al paisaje completo. Mejor contemplación y escucha. Y una respuesta más ecuánime y eficaz.
     

  8. Mejor comprensión de la realidad.
    Al percibir abiertamente y sin prejuicios ni juicios se alcanza una comprensión de la realidad más amplia e intensa, exterior e interior, y te acerca a relacionarte con la realidad tal y como es. A su vez, la comprensión te conduce a estar más presente y la presencia a una experiencia más profunda, finalmente de unidad.

 

Aprende a sentirte bien.

Generalmente tendemos a pensar que sentirnos bien o no no depende de nosotros. Depende de lo que nos pase, ¿verdad? Ante las malas noticias y las circunstancias desagradables, nos sentimos mal, y ante las condiciones más afortunadas, nos sentimos mejor. Pero ¿en qué consiste una circunstancia afortunada o desafortunada? Hay quien piensa que una circunstancia afortunada es que le toque la lotería o conseguir un buen trabajo o que le salga una pareja o tener hijos o no tenerlos. Pero nadie te dice que el hecho de que te toque la lotería no te vaya a traer un buen número de problemas que ahora no tienes o, incluso en el caso de que todo vaya sobre ruedas y no surjan conflictos ni envidias a tu alrededor, un mero enfado familiar o con un amigo, una fuerte discusión con tu pareja o un problema de celos, etc. puede acabar con todo tu bienestar en un instante. Y lo mismo ocurre cuando encuentras el trabajo o la pareja que deseabas, que no te garantiza la felicidad, ya que un simple problema de estrés, ansiedad o rabieta puede hacer añicos tu supuesta felicidad. Y es que sentirse bien es una experiencia interna que no siempre depende de las circunstancias externas. De hecho, es una capacidad personal, una habilidad que se puede aprender. Al igual que aprendes a “sentirte mal” si practicas diariamente actitudes de insatisfacción, queja, victimismo, etc. Sentirse mal acaba convirtiéndose en una especie de enfermedad crónica.

 

Presencia y atención plena.

¿Cómo podemos aprender a sentirnos bien? Muchas escuelas de psicología, filosofía y autoayuda coinciden en que desarrollar actitudes y habilidades como el optimismo, la alegría de vivir, el sentido del humor y aprender a reírse de uno mismo, ayudan mucho a sentirse bien. Pero aquí vamos a insistir en el concepto de “presencia” (estar plenamente presente en el momento) y en las capacidades que desarrolla la práctica de la atención plena.

 

Gen-la Dekyong, directora espiritual internacional de la Nueva Tradición Kadampa, insiste en la importancia de alcanzar el “gran gozo” de la iluminación, y ese “gran gozo” se consigue (entre otras formas) practicando el gozo o disfrute cotidiano en la vida diaria. Es así como el tantra ofrece sus fórmulas para convertir los objetos de disfrute en el camino espiritual.

 

Pero ¿cómo experimentar el disfrute, el sentirnos bien, si nos pasamos el día ocupados en gestiones, abastecimiento cotidiano y problemas que resolver? Son malos tiempos para la lírica, decía Germán Coppini, de Golpes Bajos; bastante malos para la alegría y aún peor para el disfrute consciente e intenso. Y sin embargo, el hecho, tal como reconocía Dekyong, es que estamos rodeados de objetos de disfrute continuamente, las 24 horas del día y en cualquier parte, a nuestro alrededor. Sólo hay que abrir los ojos y verlos. Sólo hay que abrirse a percibir.

 

Toma conciencia de todas las oportunidades de bienestar.

Para empezar, empieza por el camino fácil, con tus propias preferencias personales. ¿Cuándo te sientes bien? Recupera esos momentos en tu memoria, visibilízalos y dales toda su importancia. Tal vez es en la hora del desayuno, cuando los niños se han ido a la escuela y, antes de empezar a trabajar, te sientas delante de tu café como si el tiempo se hubiera detenido por un instante. Tal vez es después de cenar, una vez recogidos los platos, cuando el silencio vuelve a la casa, esa fracción de tiempo antes del sueño. Tal vez, en el paseo al trabajo, con la luz especial de la mañana o el olor de la lluvia suave sobre el pavimento. O en el momento de recoger a los niños en la puerta de la guardería o el colegio. O la última noche que saliste a cenar fuera con tu pareja, o con tu amiga. Abre los ojos y busca en tu experiencia. Sin duda, encontrarás muchos momentos diferentes en los que te has sentido bien. Si los visibilizas, si los recuperas en tu memoria otorgándoles la importancia debida, te resultará más fácil ser consciente hoy mismo, a lo largo de todo el día, y del día de mañana, de todos esos momentos de bienestar que van apareciendo en tu camino. La mayoría de ellos, gratuitos, cotidianos, y que están ahí, sembrando tu camino de magníficas oportunidades para sentirte bien.

 

Memoria y vigilancia mental.

El primer paso es, pues, ser consciente de cada uno de esos momentos, de forma que cada vez te será más fácil ser consciente de muchos otros que ahora te pasan desapercibidos.

El segundo paso es guardar la experiencia en tu memoria, en la memoria de tu corazón, o de tu estómago, o de tu piel, como quieras.

En el tantra se dice que al igual que el fuego acaba consumiendo la leña que lo produce, concentrarte en tu experiencia interna de bienestar te libera del apego o dependencia de las circunstancias que lo producen. ¿Qué quiere decir esto? Que la maravillosa experiencia de bienestar de ayer mismo, en la playa, con aquella puesta de sol a un lado y al otro la luna llena emergiendo del horizonte de agua, aquel momento mágico ya no está, pero la experiencia mágica que viviste se ha quedado dentro de ti, para siempre, en tu memoria, y puedes recuperarla siempre que quieras -con puesta de sol o sin ella. La extraordinaria cena con tu mejor amigo, las confidencias, las caricias, puede que ya no estén y que no vuelvan a repetirse nunca (al menos no de la misma manera, porque cada momento es único), pero el amor y la expansión de la conciencia que sentiste ya forman parte de ti. Y lo mismo respecto al olor de la hierba mojada en el parque mientras corrías o la sensación de disolverte en el agua de la piscina exterior climatizada al nadar, al caer la noche.

Elías Kateb nos anima a acostumbrarnos a utilizar todos esos referentes. “Fijémonos en lo que pasa por nuestra mente (en esos momentos de intenso bienestar), qué tipo de pensamientos, cómo vemos a los demás, cómo nos tomamos las cosas, cómo reímos, hablamos, nos comportamos , qué gestos hacemos o no hacemos, lo que experimentamos. Y luego intentemos armonizarnos con esas sensaciones”. Es decir, recuperar esas sensaciones de un momento dado y llevarlas a otro momento, hasta conseguir instalarlas de forma natural en nuestra manera de vivir.

 

Recuperar la energía del bienestar en los momentos de decaimiento.

Este ejercicio es especialmente adecuado para hacerlo cuando notemos un descenso en el ánimo, falta de energía, decaimiento o nos veamos desbordados ante algún problema circunstancial. Lo que necesita nuestro organismo en esos momentos es recuperar el tono vital, cargar las baterías, y para ello, nada mejor que recuperar las sensaciones benéficas almacenadas en nuestra propia experiencia.

¿Cómo hacerlo? Siéntate en un lugar cómodo y silencioso, concéntrate por unos minutos en la respiración o medita (utiliza cualquier técnica de relajación que conozcas) y concéntrate en alguna experiencia concreta de bienestar (jugando con tus hijos, un recuerdo inspirador del último viaje de vacaciones o la última vez que hacer el amor supuso una gran aventura), contempla la escena con detalle, con precisión, con plena conciencia, y saca de nuevo a flote tus mejores experiencias de bienestar. Una vez que lo has conseguido, concéntrate en la experiencia interior de paz y disfrute, de felicidad, y suelta la circunstancia que la originó.

 

Se trata, pues, de jugar con el poder creativo de la imaginación, recreando las mejores experiencias que ya forman parte de tu vida, de tu cuerpo, de las células de tu organismo. De esta manera, aprenderás a llevar contigo siempre, allá donde estés, todas las experiencias positivas interiorizadas para ser disfrutadas cuando lo desees. Con el tiempo, acabará convirtiéndose en une estado de ánimo natural.

 

Libros:

Piensa, siente, actúa.

Mindfulness. El poder de la atención plena.

Elías Kateb.

Robinbook.


 

 




La práctica de la atención plena.

Jon Kabat-Zinn

Kairós.


 




La guía al paraíso de las dakinis.

Gueshe Kelsang Gyatso.

Tharpa.


 


Texto: Marié Morales.


















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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