Defender la energía

Cómo vencer al síndrome de la fatiga.

El mayor enemigo para saborear la vida (lo que toca, lo que nos rodea, lo bueno y lo malo) es la falta de energía. La pereza, el cansancio físico, y más exactamente la fatiga (tanto física como mental), es un estado de ánimo que adormece los sentidos y puede conducir incluso a la depresión.


Dado que la fatiga puede estar originada por causas diversas, existen también formas diferentes de combatirla. Podemos interrumpir el ciclo de la fatiga, esa inercia mortal, utilizando las estrategias adecuadas que nos ayuden a reconocer sus causas y, de esta manera, poder dar los pasos oportunos que nos ayuden a superarla. 


Causas mentales.

El estrés y la ansiedad son unas de las causas más frecuentes en el síndrome de la fatiga. La mente y el cuerpo están conectados, y el estrés o la ansiedad pueden afectar al cuerpo de diversas maneras. El cuerpo segrega ciertas sustancias químicas cuando se encuentra en un estado de estrés, y estas sustancias químicas aceleran nuestro metabolismo. Es la clásica respuesta de "pelea o huye", que es la manera en que el cuerpo se prepara a sí mismo para actuar ante una situación peligrosa. En los tiempos prehistóricos, cuando un tigre amenazaba a un ser humano, éste tensaba sus músculos en estado de alerta, preparado para luchar o echar a correr. El mismo mecanismo continúa funcionando en la actualidad, con la diferencia de que ahora la amenaza no es un tigre, y que el estrés, la ansiedad u otras amenazas mentales generalmente duran bastante más que el ataque de otro depredador más fuerte. De manera que nuestro organismo puede mantenerse en este estado de alerta por un tiempo mucho mayor del que está preparado para afrontar. Cuando nuestros músculos permanecen tensos por un largo tiempo, no sólo acabamos sintiendo dolor, sino también cansancio. Y el resultado es una fatiga que abarca mucho más que los simples músculos implicados.
La fatiga es un síntoma común en todas las personas que sufren estados depresivos, en cualquier nivel. Otras emociones que pueden causar o intensificar la fatiga son: la frustración, la preocupación, el enfado, y el miedo.

Una vez que hemos detectado alguno -o algunos- de estos estados emocionales, que pueden ser origen o amplificadores de nuestra fatiga, hay varias cosas que podemos hacer.


Qué hacer.


1. Ejercicio físico.


En primer lugar, podemos hacer uso de la sabiduría popular y simplemente distraernos/alejarnos de nuestra obsesión mental por un corto tiempo. Preferiblemente a través de algún ejercicio físico relajado como: caminar, nadar, dar un paseo en bici, bailar o hacer el amor -que, por cierto, involucra otras áreas aparte de la del mero ejercicio físico, y por eso puede ser más efectivo.

En principio puede resultar difícil forzarnos a hacer cualquier tipo de ejercicio físico cuando sentimos un gran cansancio, pero merece la pena intentarlo, sobre todo, porque este pequeño esfuerzo nos permitirá saber si nuestra fatiga se debe a causas emocionales o no. Si es así, el ejercicio nos ayudará a quemar las sustancias químicas producidas por la respuesta "lucha o huye" y que, al mantenerse durante largo tiempo, provocan nuestro cansancio. Éste es el motivo por el que nos encontramos con mucha más energía después de hacer ejercicio. Nuestro cuerpo vuelve a estar en forma y podemos tonificar nuestros músculos y huesos adecuadamente.

2. Relajación mental.

Otra estrategia consiste en la práctica de ciertas técnicas de relajación mental, como la visualización (la imaginación) de paisajes agradables que nos produzcan calma y tranquilidad (conocidos o inventados, con todo lujo de detalles); la meditación; ejercicios de respiración; relajación muscular progresiva (concentrarse en diferentes partes del cuerpo, empezando por los dedos de los pies, notar la tensión y relajarlos, y así cada parte de nuestro cuerpo hasta llegar al cuero cabelludo), o simplemente escuchar una música agradable o admirar un paisaje (la playa, la montaña, un parque, una puesta o una salida de sol) que nos transmita una cierta armonía.

Existen muchas cintas grabadas sobre meditación dirigida, música para la relajación, etc. que pueden ayudarnos a conseguir nuestro objetivo.


3 . Distracciones diversas.

Como decíamos al principio, alejar nuestra mente del problema que nos está obsesionando (o simplemente del estado de ánimo, que no tiene por qué estar relacionado necesariamente con un problema objetivo) y concentrar nuestra mente en otra cosa, puede resultar sumamente efectivo: leer, oír música, ir al cine, salir de compras, quedar con una amiga... lo que se te ocurra, puede ayudarte a salir de ese bloqueo mental y emocional que está produciendo la fatiga.


4. Actividad social.

Estar con la gente, hacer cosas con otras personas puede resultar muy saludable, especialmente cuando se trata de hacer algo creativo o constructivo, o que sirve de ayuda a otras personas.


5. Ve a la raíz del problema.

Y por último, no te escondas y observa si hay algo en tu actitud que te está causando un estrés excesivo. Afróntalo y haz lo que haya que hacer para cambiarlo. Puede que esta fatiga (como cualquier otra enfermedad) nos esté dando un toque de atención para que resolvamos algo en nuestra vida. ¿Hay algún problema que resolver con alguien en la familia, en el trabajo, con una amiga o un amigo? ¿Te agobian todos los compromisos que asumes porque, simplemente, no sabes decir No? ¿Te exiges demasiado o exiges demasiado a la gente de tu alrededor? Puede que sea el momento de poner las cosas claras, de comprendernos un poco mejor, de aceptar nuestras limitaciones, o de comunicarnos más abiertamente con las personas que queremos o con quienes convivimos.

Si nada de esto funciona, si el ejercicio físico y la actividad social nos cansa aún más, las distracciones nos agotan y la relajación no nos relaja, si no encontramos ningún problema emocional objetivo que resolver, entonces hay que observar otras posibles causas de origen físico. 

 

Causas físicas.

1. Si no lo usas, lo pierdes.

Cuando no estamos en buena forma física aguantamos poco, enseguida nos cansamos. Mucha gente reacciona ante este cansancio "descansando" más, lo que empeora las cosas. Los músculos que no se usan regularmente necesitan de más energía para funcionar que esos otros músculos que sí están a tono. Si caminamos mucho o subimos muchas escaleras nuestras piernas se cansarán menos, pero nuestros brazos tal vez tengan problemas para abrir una puerta pesada o bajar un peso medio de la parte más alta del armario. Todas y cada una de las partes de nuestro organismo trabajan más eficientemente si están en forma: los músculos, huesos y articulaciones, el corazón, el cerebro, el sistema digestivo, etc. La vieja fórmula de "Si no lo usas, lo pierdes" vale para todo.
Pensemos ahora que eres una de esas personas que nunca has hecho deporte y para las que la expresión "ejercicio físico" les suena a jóvenes chicas con "cuerpos danone" jugando a balón volea en la playa, musculosos hombres y mujeres de portadas de revistas especializadas, cuerpos fuertes y sudados levantando pesas impensables en la sala de máquinas del gimnasio o sobreviviendo las clases de aeróbic y kick boxing a una frecuencia superhumana. Ese tipo de cosas que hace la gente de otro planeta. ¿Qué hacer entonces?

Simplemente, cambiar el chip. Si te parece lejana e impensable la expresión ejercicio físico, piensa en términos de, simplemente, incrementar el nivel de tu actividad física. Piensa en pequeño. En vez de aparcar el coche a las puertas de casa o del trabajo, déjalo unas manzanas antes de llegar; o bájate una parada entes del metro o del autobús. Busca las escaleras en vez de coger el camino más corto y rápido del ascensor. Esconde el mando del televisor, para que tengas que levantarte del sofá cada vez que quieras cambiar de canal. Estírate o camina un poco en los descansos publicitarios. Coge unas latas de tomate y haz un poco de levantamiento de pesas o juega a que diriges una orquesta (mejor a solas; pero si te ven y piensan que has perdido el juicio, déjales que se rían a gusto, también es bueno para la salud). Poco a poco, y con pequeños pasos, iremos mejorando nuestra forma física y podremos abordar mayores retos.


2. Pobre nutrición.

Comer poco o comer mal, evidentemente es una buena pausa para la fatiga. Si el cuerpo no obtiene la energía que necesita, los nutrientes (vitaminas, minerales y demás) que necesita, no puede desarrollar sus funciones debidamente. Observa lo que comes y cómo lo comes. Recuerda que comer demasiado te deja llena, pesada y sin energía por un rato. Igualmente, si pasas muchas horas sin comer tu organismo se debilita. No hagas comidas abundantes (para antes de saciarte, el 80% de la capacidad de tu estómago es más que suficiente) pero sí a menudo, para ir recargando las baterías. Entre cinco y seis comidas al día es lo ideal.

Evita las grasas animales, alimentos superelaborados (embutidos, conservas) y las toxinas en general, que envenenan tu organismo y sobrecargan el hígado y demás con trabajo extra. Consume alimentos vivos, que te proporcionan su vida y su energía (verduras y frutas frescas, semillas y legumbres germinadas).

3. Insuficiente descanso.

¿Te levantas más cansada de lo que te acuestas, o con dolor de cabeza? ¿Te quedas dormido leyendo un libro o viendo la televisión, o en el metro, o en el autobús? Pasar ocho horas en la cama no significa que estés durmiendo bien y que el sueño cumpla su función reparadora. Observa si roncas (si te dicen que roncas, es que roncas), si la cama amanece completamente deshecha (en tal caso, es que tu sueño es intranquilo). Si te cuesta dormirte cuando te vas a la cama o cuando te despiertas en mitad de la noche. Si es así, puedes tener algún desorden o alteración del sueño al que deberías prestar atención.
Busca actividades relajadas para una hora o dos antes de acostarte, pero procura que tu cuerpo se haya cansado físicamente en las horas previas. Evita las emociones fuertes (películas de acción incluidas) y procura pensar en cosas positivas y agradables que te han pasado durante el día. Respira, medita, lee, escucha alguna música suave como los adagios, perfuma la casa con olores relajantes (pero evita las evaporaciones químicas o el incienso que llena de humo el ambiente).

Y si quieres más ideas, échale un vistazo al artículo sobre el insomnio infantil, en la sección de salud de esta web.

Pueden darse innumerables causas físicas: digestiones pesadas; dolor (reumas o artritis); apnea del sueño (el proceso respiratorio se detiene durante unos segundos y de repente el cuerpo responde sobresaltado y tomando gran cantidad de aire, el sueño es pues entrecortado y la persona necesita muchas más horas de sueño para reponerse); mal funcionamiento de la tiroides, etc. Si ninguna de las estrategias arriba mencionadas funciona, puedes tener algún problema de salud que debes detectar y tratar. 



Texto: Marié Morales.



















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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