¿Hay que comer de todo?

A veces las consignas llegan a alcanzar tanto peso que acaban convirtiéndose en una especie de "verdad universal". En este sentido, pocas nos están haciendo tanto daño, así como a las criaturas que creemos educar, como es el mito de "hay que comer de todo".


Cuántas veces no hemos hecho llorar a nuestra hija o a nuestro hijo -en casa o en la escuela- para forzarles a comer berengena o tomate asado, o lo que es peor, verduras hervidas de las que hemos extraído el agua, o carnes fritas, o pescados rebozados en aceites hirviendo, o frutas en conservas, o salchichas, o embutidos -ponle nombre-, "por su bien" y porque "tienen que aprender a comer de todo".
 

El mito de "hay que comer de todo".

No hay nada que nos haya hecho tanto daño como aquella consigna acuñada durante la guerra -cualquier guerra- de que "lo que no mata engorda".
Pero lo cierto es que lo que no mata en el acto puede estar matándonos lentamente, engorde o no -y si engorda, con más razón.

Lo cierto es que algunos alimentos son ricos en antioxidantes protectores mientras otros contienen abundantes fuentes de radicales libres nefastos para la salud. Algunos tienen una fuerte capacidad de espesar nuestra sangre y bloquear nuestras arterias mientras otros actúan como potentes limpiadores desengrasantes. Algunos parecen activar el mecanismo del cáncer o de las enfermedades autoinmunes o del sistema neurovegetativo mientras otros intervienen como potentes bloqueadores de estos procesos.

La naturaleza está llena de productos beneficiosos para la salud y hasta curativos, pero también de múltiples venenos en mayor o menor grado. Pero el mal se agrava tremendamente cuando la comercialización, la técnica y la química se alían para sacar el mayor beneficio económico, para ciertos bolsillos, no necesariamente para nuestra salud.

Dicho esto, cabe mencionar que aun en el mejor de los casos, incluso un exquisito plato de frutas o verduras crudas o hervidas al vapor, cultivadas y llevadas a tu mesa de la forma más natural (sin pesticidas ni conservantes), puede llegar a convertirse en un auténtico veneno si las condiciones en las que lo ingerimos no son adecuadas: violencia en el entorno, rechazo a comerlo, prisas o mal rollo en general.
Resumiendo: el plato más sano y nutritivo que hayas preparado en casa con todo tu amor y la mejor de las intenciones, va a aportar poco bueno y bastante no tan bueno a la salud de tu hija, o de tu hijo, si les obligas a comer contra su voluntad.
Y lo mismo vale para ti.

Sed pacientes, daos vuestro tiempo y, por encima de todo, proteged vuestro placer de comer, saboreando y agradeciendo (agradecer, gran palabra) el regalo que os estáis ofreciendo.



De pirámide en pirámide.

Dicho esto, también, es de mentes sabias "saborear y agradecer" lo que es bueno para nuestro organismo, así como desechar lo que le perjudica.
En este sentido, se han ido estableciendo diversas guías para la nutrición, en forma de pirámides.

Timothy J. Smith (Renewal. The anti-aging revolution) hace un sintetizado repaso a estas pirámides desde los "siete básicos grupos" hasta la pirámide de los cuatro grupos que ha cobrado más fuerza en la acutalidad en los países occidentales, pasando por algunas concesiones intermedias.

Durante los años 40 y hasta los 60, la comunidad científica especializada estaba de acuerdo en que el ser humano, omnívoro por naturaleza, debería alimentarse abarcando los siete grupos siguientes:

  • Productos lácteos.
  • Carnes, pescados y derivados.
  • Pan y cereales.
  • Vegetales verdes y amarillos.
  • Frutas.
  • Patatas y otros tubérculos.
  • Mantequillas y margarinas.


A finales de los 50, la lista fue restringida a cuatro grupos, dejando explícitamente fuera a las mantequillas y margarinas, tras admitir los resultados de varias investigaciones en las que se hacía patente la relación entre el consumo de grasas y las enfermedades de corazón.

La lista de "los cuatro grupos básicos" quedó tal cono sigue:
 

  • Productos lácteos.
  • Carnes, pescados y derivados.
  • Pan, harinas y cereales.
  • Frutas y verduras.


A lo largo de los años 60 las investigaciones fueron corroborando la importancia de la dieta en la salud (dejando en evidencia que "los cuatro básicos grupos" institucionalizados aún incidían seriamente en las enfermedades del corazón, pero no sólo en éstas).

Finalmente, durante los 70, ya se pudo rebatir absolutamente la teoría de la necesidad de incluir las carnes y pescados en la dieta, una vez demostrado que cereales, legumbres, frutas y vegetales podían suplir con creces todos los nutrientes encontrados en carnes y pescados, eliminando así la toxicidad que éstos pueden aportar. Al mismo tiempo, estos productos derivados de las plantas demostraban además una importante habilidad para combatir numerosas enfermedades.
 

En 1987 se estableció la pirámide que aún hoy apoya los menús en las escuelas y las bases nutricionales en la mayoría de los centros médicos.

Según esta pirámide, la base de la alimentación se debe asentar en un sólido grupo de: 

  • Pan, cereales, arroces y pastas,

seguido de una capa menos importante de: 

  • Frutas y verduras,

seguido de una menor cantidad de:  

  • Productos lácteos, carnes, pescados y frutos secos.

La pirámide acaba en un vértice que da cabida a: 

  • Grasas, aceites y dulces.


La buena noticia es que con el paso del tiempo se ha ido creando conciencia de los efectos desastrosos de las grasas animales en nuestro organismo, y se ha ido reduciendo su consumo. 

Pero sin acabar de eliminarlas del todo de nuestra dieta.

 

Defender los productos biológicos, cuestión de vida o muerte.

Mientras que respetables autoridades como el Dr. Atkins (cardiólogo creador de la New Diet Revolution) acepta un consumo restringido de carnes, pescados y sus derivados, otras escuelas occidentales como la que representa el Dr. Smith (Renewal), elimina absolutamente esta parte de la pirámide que alberga carnes, pescados, grasas animales y dulces.

En estas tendencias que descartan carnes y pescados, los cuatro grupos suelen verse reducidos al consumo de:

  • Cereales, arroces, pastas y legumbres,
  • Frutas y vegetales.

El orden de estos dos grupos depende de si la tendencia enfatiza más la alimentación vegetariana (frutas y verduras), o bien la macrobiótica (legumbres y cereales).
En cualquier caso, lo que queda bien demostrado es que una dieta rica en carbohidratos complejos, fibra, vitaminas y minerales, y al mismo tiempo baja en grasas y proteínas, es altamente beneficiosa para la salud.

Por otra parte, hay que mencionar también que en todas las dietas planteadas contra el envejecimiento (anti-aging), si bien pueden mostrar desacuerdo en cuanto a la inclusión de carnes y pescados, todas tienen en común su insistencia en eliminar el consumo de toxinas, como los pesticidas, aditivos, conservantes, antibióticos, hormonas y el largo etcétera de productos nocivos que invaden nuestros supermercados, nuestras casas y nuestros comedores escolares.

 


Texto: Marié Morales.

 


















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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