Tira pa'lante.

Pase lo que pase, no es el fin del mundo. 




Aprende a utilizar tu miedo para tu beneficio.
Conoce tu propio miedo y aprende a sostenerlo en la palma de tu mano sin que su fuego te queme.


 
El miedo no es malo ni bueno en sí mismo. Es algo con lo que todo el mundo convive. Como una parte de uno mismo, que a veces te salva y otras veces te roba la vida. No es algo a lo que temer; simplemente hay que comprenderlo y aprender a manejarlo en el propio beneficio.
 
Especialmente en momentos de crisis, social o económica, el miedo se hace gigante y muestra su peor cara. Sólo la visión del panorama, el hecho de presenciar cómo la crisis le afecta a otras personas, lejos de despertar la solidaridad, empatía y deseos de ayudar, puede convertirse en un carcelero que te cierra en su prisión con todo tipo de llaves y candados (argumentos varios), aislándote, con una obsesión de protección que, lejos de hacerte fuerte, te debilita dejándote solo y sin energía.
Craso error por diversos motivos. Porque dándole tu poder, el miedo se hace más fuerte; porque es la unión y la conexión la que hace la fuerza (y no la separación egoísta bajo la bandera del “sálvese quien pueda”), y por los poderosos efectos del “subidón del que ayuda”, tal como explica Joan Boryshenko, autora de “Paz interior para gente ocupada” y “Pase lo que pase, no es el fin del mundo” (Urano).
 
A lo largo de este reportaje, te vamos a dar las claves para afrontar las crisis y cambios en tu vida con confianza; mirar a los ojos al miedo y avanzar; soltar las ideas, pensamientos y muletas varias que ya no te sirven; abandonar situaciones conocidas que ya no significan protección ni seguridad alguna (y quizás nunca lo significaron) y aprovechar la oportunidad que se presenta en el nuevo espacio por descubrir. 
 
 

I. Suelta el miedo inmovilizador.

 
A veces el miedo se presenta en forma de aliado protector, pero en realidad es un carcelero que te condena a la frustración permanente y te impide avanzar.
 
Los cambios en la vida siempre requieren de la creatividad, una mirada limpia y valiente (que no tergiverse y manipule las cosas de acuerdo a tus deseos) y una mente abierta capaz de abrirse a enfoques nuevos. Y aquí es cuando el miedo nos presenta su peor cara, cuando aparece  para negar los hechos o inmovilizarnos en nuestro supuesto espacio de seguridad.
 
El miedo puede resultar venenoso para la creatividad si, cuando te sientes amenazado, tiendes a refugiarte en un estado de supervivencia que te lleva a experimentar una regresión y a recurrir a algún refugio seguro, como es el caso de distracciones o evasiones, hábitos trasnochados, relaciones enquistadas, un trabajo que ya no te aporta nada, ideas o creencias inflexibles.
 
Pero el hecho es que cuando abandonas tu zona (presuntamente) de comodidad y seguridad es cuando tienes la oportunidad de cambiar y avanzar. No siempre será fácil. Como el cavernícola que se ve obligado a salir de su cueva y que en un primer momento puede sentirse deslumbrado, adaptarte a los cambios tal vez te llevará tiempo pero, aún así, si abres los ojos con una mente abierta y un corazón curioso, y echas un vistazo valiente a tu alrededor, descubrirás un nuevo mundo lleno de posibilidades.
 
Escucha las señales de alarma, aprovecha la oportunidad.
 
Quizás ya has oído cientos de veces que el ideograma chino que representa la “crisis” está formado por dos caracteres: peligro y oportunidad. Ahora, de lo que se trata es de aplicar esta información a la propia experiencia y, así, integrarla para otorgarle algún sentido útil en tu vida.
 
En la mayoría de los casos, ante una situación de crisis o cambio, el peligro radica en ceder al miedo que sustenta la pérdida de lo familiar. La oportunidad, por otra parte, se presenta al ser expulsado (a veces de forma obligada, contra la propia voluntad) de la zona de comodidad.
 
Pero en la crisis, en el cambio, esa zona de comodidad ya no es tal, ya no sirve, y lejos de ofrecer seguridad y confort lo que está generando es una situación de malestar y frustración permanente  por el hecho de no poder avanzar, porque, en realidad, está perpetuando una situación sin salida. Lo cual no significa que no exista salida, pero para ello hay que cambiar la situación y soltar todos los lastres que ya no sirven.
 
¿Cómo sabemos cuándo está ocurriendo eso? ¿Cómo sabemos que ciertos elementos familiares de seguridad en nuestra vida ya no nos sirven?

Tu mejor aliado es tu propio cuerpo y tu propia mente. Tu cuerpo, tu mente, son unos extraordinarios maestros en lanzarte señales de alarma. Lo que ocurre es que en nuestra cultura materialista, la mente, por intangible, muchas veces ni la percibimos. Podemos estar sufriendo crisis de ansiedad, insomnio, estrés, enfado o depresión y apenas advertirlo. Y, si acaso, le echamos la culpa al hijo que ha llegado a casa con malas notas, a la pareja que no colabora, a la hipoteca que no baja lo suficiente o al jefe que exige demasiado cuando, en realidad, el origen del malestar se encuentra dentro. La mente humana es experta en echar pelotas fuera.
 

Otra cosa es cuando el cuerpo empieza a emitir señales de malestar o enfermedad: dolor de cabeza, gastritis, malas digestiones, el colesterol o la tensión que sube, alergias, fatiga, dolores de cuello o espalda u otras noticias peores con diagnósticos crónicos como cardiopatías, enfermedades autoinmunes, etc. Y cuanto peor es la noticia mayor es la urgencia de “hacer algo”. De revisar la vida, de restablecer prioridades, de imponer cambios.
Y ahí es cuando nos empujan fuera de la cueva falsamente segura. Y, por mucho que la luz nos deslumbre en un principio, el nuevo paisaje acaba revelando las nuevas oportunidades.
 
 

La huida a un orden superior.
 
Ilia Prigogine fue el fundador del Centro para Sistemas Complejos Cuánticos (Austin, Texas, EEUU) y Premio Nobel de Química 1977 por su teoría de las estructuras disipativas. Según esta teoría, todos los sistemas complejos, desde las partículas subatómicas hasta las civilizaciones humanas, llegan a un punto en que su nivel de organización se vuelve insostenible. Y entonces se desmoronan. Cuando el antiguo sistema se viene abajo y se libera del determinismo del pasado, se puede reconfigurar de una mejor forma. Prigogine llamó a este acontecimiento la “huida a un orden superior”.
Es el punto de la historia en el que ahora nos encontramos (y que, de alguna manera, se reproduce en cada crisis, ya sea personal, social, económica, etc.) y, aunque los cambios que estemos viviendo sean desconcertantes (y, a veces, intimidantes) a corto plazo, en realidad son un preludio de maravillosas posibilidades.
 



 

II. Algunas claves para la resiliencia.

 
Acepta los hechos, sé creativo, recuerda el sentido de tu vida y pon en marcha los sentimientos positivos que te conectan con tu espiritualidad.
 
Ante las situaciones de crisis no todas las personas responden igual y, a veces, ni siquiera la misma persona responde de la misma manera en un momento u otro de su vida. En un momento dado y ante una situación de cambio, puede que te sientas acobardado, inmovilizado o hasta que te desmorones mientras que en otro momento observas que te creces  y despliegas todos tus recursos, internos y externos, para hacer uso de ellos y ponerlos en práctica y así, en el proceso, desarrollas nuevos recursos que enriquecen aún más tu vida.
 
¿Qué diferencia un momento del otro? ¿Qué ha cambiado en tu actitud, en una y otra situación?
 
Preguntado sobre cómo había superado su crisis de adicciones tóxicas y otros dramas personales y su consejo para sobrevivir a las temporadas difíciles y recuperarnos, el actor norteamericano Mickey Rourke respondió: “Duerme mucho y haz un montón de ejercicio; toma comida sana; reza tus oraciones y pórtate bien con tus perros”. 
 

En otras palabras: cuida tu cuerpo; desarrolla tu espiritualidad con humildad, identifica tus necesidades, desea con todas tus fuerzas que se resuelvan y pide ayuda (la oración), y pórtate bien con quienes te rodean. Con todos los seres, especialmente con los que tienes más cerca, incluidos tus perros. Sal de la obsesión mental de tu propio drama personal y cuida a quienes te rodean. Aprende a amar de verdad. Y actúa en consecuencia. Todas éstas son herramientas que te ayudan a sobrevivir a todas las crisis y a mantener a raya tus miedos.
 
Joan Borysenko nos ofrece lo que considera las tres grandes claves para la resiliencia. Más uno.
 
 
1.Firme aceptación de la realidad. 

Se trata de aceptar la situación de manera realista sin negarla, racionalizarla para ocultarla o hacerse ilusiones de lo que en realidad no está ocurriendo. Cuanto antes afrontes los hechos y pienses a fondo en cómo adaptarte a la nueva situación, mejor te irán las cosas. La racionalización (“hay un montón de gente con problemas para pagar la hipoteca, seguro que el gobierno nos sacará pronto de esta situación”), la negación (“las cosas no están tan mal como dicen”) y hacerse ilusiones (“me visualizaré viviendo en una mansión y haré algunas afirmaciones positivas”) pueden ser alivios temporales pero meter la cabeza bajo el ala no soluciona nada.

Sólo superarás las dificultades si te haces una idea clara y realista de lo que está ocurriendo (de lo que no va bien en tu vida) y empiezas a hacer algo para adaptarte a la nueva situación. Afrontar la realidad puede ser muy duro emocionalmente en un principio pero te salvará la vida a largo, a medio y también a corto plazo, a partir de ya mismo.
 
 
2.Una profunda creencia en que la vida tiene sentido. 

Cuando buscas un sentido real en tu vida, algo que permanezca más allá de las vicisitudes del día a día, descubres que ningún objetivo exterior (una carrera, una profesión, un proyecto de vida en pareja o sin ella, la maternidad o la independencia, etc.) te garantizan la felicidad  ni el sentido último de tu existencia. En cualquier caso, contar con un sentido profundo en la vida, el que sea, ayuda a superar todos los miedos y a avanzar hacia adelante incluso en las situaciones más difíciles.
 
Mucha  gente ha descubierto que encontrar dentro de sí misma esta guía, una fuente de fuerza, y alimentarla a través de prácticas como la meditación, les sirve de herramienta y al mismo tiempo camino y meta última. Porque cuando la mente se calma (libre de los ruidos de los propios deseos, quejas y exigencias), es más fácil ver las cosas como realmente son y relacionarse con el mundo que nos rodea. Estas profundas conexiones (con uno mismo y con el entorno) nos permiten desarrollar emociones positivas como la alegría, la gratitud, el amor, la compasión y la sabiduría, que eliminan el estrés, cultivan la fuerza interior y le otorgan, en sí mismas, un sentido a la vida.
 
Sentir que nuestra vida tiene significado (a través de la experiencia de la conexión y el amor, por ejemplo) nos da fuerzas y nos otorga un referente, un norte, cuando nos sentimos perdidos en un mar de cambios.
 
Según Georges Vaillant, “la espiritualidad no tiene que ver con las ideas, los textos sagrados y la teología sino con las emociones y la conexión social”.

 
3.Capacidad de improvisación. 


Desarrolla tu imaginación, abre el foco, mira a tu alrededor con curiosidad y una mente abierta y enfoca detalles que hasta ahora ni percibías: personas, elementos, situaciones que pueden aportarte cosas en la nueva realidad. Ensaya con pequeños cambios en tu entorno, en la decoración de tu casa, en tus horarios, en tu rutina cotidiana. Introduce cosas nuevas: bellas, que te inspiren; funcionales, que aporten nuevas actividades.
 
 
Y por encima de todo, el realismo optimista.
 
Una actitud realista optimista consiste en afrontar los hechos, contemplar el problema y, seguidamente, centrarse en las soluciones. Ver los aspectos negativos sin obsesionarse con ellos ni generalizarlos de una manera catastrofista.

Las emociones negativas tienen que ver con el instinto de supervivencia y suelen ser egocéntricas y contraproducentes, porque en la obsesión y la preocupación cuesta apreciar lo bueno que tiene la vida e identificar tus posibilidades y oportunidades. Por el contrario, las emociones positivas como la alegría y la gratitud son comunicativas y generosas y te hacen salir de la obsesión egocéntrica que tanto daño hace y tanto alimenta el miedo para pasar a poner tu atención en los demás.

El interés por los demás y el deseo de cuidar a quienes te rodean son la mejor arma contra el miedo y las mejores vitaminas para el amor, que acaba manifestándose en una mejor salud física, mental y, también, espiritual.
 
 

“Yo no tengo ningún miedo.”
 
“Yo no tengo ningún miedo. En mí no hay miedo ni deseo porque, al no existir nada ajeno a mí y no carecer, por tanto, de nada, nada hay que pueda desear o temer. Es por ello que toda búsqueda me suena completamente ajena. ¿Cómo podría, siéndolo todo, buscar algo, temer algo o a alguien?... 
Y lo mismo podría decir sobre la posibilidad de enfadarme con los demás. ¿De qué otros, en tal caso, estaríamos hablando? ¿Quién debería estar enfadado y con qué o con quién?”.
 
Habla la Mente No Dual en el “diálogo de voces” del libro “Gran Mente, Gran Corazón”, del maestro zen Dennis Gempo Merzel, Ed. La liebre de marzo.
 
 


III. El “subidón” del que ayuda.

 
Dale rienda suelta a la euforia que sientes después de hacer una buena acción con los demás.
 
El “subidón” del que ayuda es una intensa sensación de  dicha, una energía expansiva y alegre que hace que te sientas agradecido por estar vivo, y resulta el mejor antídoto contra el miedo. Es la euforia que sientes después de realizar una buena acción y que acaba transfromándose en una sensación duradera de calma, satisfacción y bienestar emocional. Con la práctica, esta sensación de bienestar termina convirtiéndose en una experiencia estable dentro de ti, capaz de sobrevivir a cualquier acontecimiento, favorable o desfavorable, en tu vida. Como una anfitriona que recibe y acepta las visitas de los acontecimientos externos sin abandonar su puesto, dejándoles marchar cuando llega el momento.
 
Al ocuparte de otro ser en lugar de pensar solo en ti, este interés (tu función, tu responsabilidad voluntariamente adquirida) te llena de energía. Cuando dejas de centrarte en ti y te preocupas por otras personas, el dolor físico disminuye porque tu cuerpo libera endorfinas, las milagrosas moléculas que  el cerebro fabrica a modo de sedantes. Además, produce otros cambios hormonales que reducen el estrés, refuerzan el sistema inmunitario y protegen el corazón, fortaleciéndolo. Y de esa manera, paradójicamente, el corazón se “ablanda” y se permite abrirse, sin miedo a ser herido. No importa la edad, por más años que tengas, ser generoso te ayudará a sentirte mejor al permitirte dejar atrás el pasado y abrirte al futuro
 
 
Cambia el objeto de tu interés.
 
Cientos de investigaciones coinciden en que la generosidad reduce el estrés, fomenta el bienestar, le da un sentido y un propósito a la vida y hasta favorece la salud y la longevidad.
 
No hay nada peor para la salud física y mental que un corazón cerrado, una actitud tacaña y avariciosa controlada por el miedo. Una mente-corazón cerrada a dar tampoco está abierta a recibir. Y acaba ahogándose en su  propia toxicidad como un charco de agua estancada.
 
Gueshe Kelsang Gyatso (autor de “Compasión universal”. Tharpa Ed.) insiste en que “la liberación (del sufrimiento) es muy fácil, basta con cambiar el objeto de nuestra estima: dejar de estimarnos (obsesivamente) a nosotros mismos para empezar a estimar a los demás”. O, en palabras de Joan Borishenko, “cambiar el curso de la atención”: abandonar la mentalidad del “yo, mí, mío” para fijarte en las necesidades de los demás. Y el resultado de este acto de apertura no es sólo que tanto el dador como el receptor se sienten mejor, sino que tus propios miedos y dolores personales se reducen hasta desvanecerse sino que la calidad de tu vida da un salto de gigante ante la aparición del amor que te conecta con las personas que te rodean y, en última instancia, con el entorno general. Y, ¿de  qué vas a sentir miedo cuando te sientes parte de Todo? Es la segregación, el sentimiento de separación, de aislamiento, lo que te lleva a temerle al “enemigo”, que  reside fuera. Pero cuando esta separación y aislamiento desaparecen para sentirte hermanado con el entorno,  el “enemigo” y, por ende, el miedo, también se diluyen.
 
 

Ejercicio: Busca en tu propia experiencia.
 
Buda dijo: No te lo creas simplemente porque yo te lo digo, prúebalo.
¿Quieres ver lo que se siente cuando sales de tu propio egocentrismo obsesivo para pensar en los demás con amor? Rebusca en tu propia experiencia. Siempre encontrarán algún momento en el que hayas amado de verdad, de corazón y sin ningún interés personal; alguna persona, animal o situación que te haya inducido a experimentar el amor.
 
1.Cierra los ojos y tómate unos minutos para calmarte y relajarte. Una forma sencilla de hacerlo es concentrarte en la respiración sin intentar cambiarla. Siente el aire fresco que entra por las fosas nasales y el aire cálido que sale de ellas. Espira de este modo de cinco a diez veces. S un método sencillo y eficaz que puedes usar en cualquier situación para que tu mente y tu cuerpo se calmen.
 
2.Concéntrate ahora en el centro del pecho. Imagina que, al inspirar, el aire penetra en tu corazón. Siente el aire que masajea y ablanda el corazón. Y luego irradia esta dulce y poderosa sensación a la habitación.
 
3.Recuerda una ocasión en la que ayudaste a una persona y sentiste una compasiva conexión con ella. Evoca la escena. ¿Dónde estabas? ¿Qué aspecto tenía esa persona? ¿Qué ocurrió exactamente entre vosotros?
 
4.Deja ahora que el recuerdo se desvanezca y concéntrate en las sensaciones que experimentas al evocar esa escena de amor.

5.Abre los ojos e intenta describir lo que estás sintiendo.
 Cuanto más concreta y minuciosa sea la lista de adjetivos que utilices, mejor.
 
 
Las emociones positivas de maravilla, amor, alegría, fe, confianza, paz, esperanza, perdón, gratitud y compasión son espirituales por naturaleza porque son expansivas e inclusivas. Relajan los músculos y el cuerpo permitiendo que la energía circule libremente. En cambio, las emociones negativas como la ansiedad, la depresión y la ira generan tensiones y bloquean la energía, haciéndote presa fácil del miedo.
 
 
 
Frases para recordar:
“Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa”. Richard Bach.
“Estamos todos en las alcantarillas, pero algunos miramos las estrellas”. Oscar Wilde.
 
 
Más información:
 


Pase lo que pase, no es el fin del mundo.
Resiliencia para momentos de crisis.
Ed. Urano.
150 páginas.
 
 




Compasión Universal.
Prácticas budistas para cultivar el amor y la compasión.
Gueshe Kelsang Gyatso.
Editorial Tharpa.
180 páginas.
































 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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