Esmeralda Berbel:

No puedes morirte en paz con tantos secretos.



Escribir puede ayudar a mantener un cierto equilibrio entre lo de afuera y lo de dentro. ¿Para qué escribir algo que nunca contarías a nadie? Porque hay cosas, dice María Zambrano, que no pueden decirse y esas son precisamente las que se tienen que escribir.


Esmeralda Berbel ha escrito sobre adolescentes (“Lo que piensan las adolescentes”, Obelisco), de mujeres (“De qué hablamos las mujeres cuando hablamos de lo que nos importa”, y “Trátame bien”, sobre el maltrato de género, ambos en Alba Editorial), de niños, cocina, nutrición, salud natural... Pero sobre todo es una experta en escuchar. Y en leer cartas y diarios. (Lo cual es otra versión de lo mismo). Y en escribirlos.

Sus últimos libros recopilaban una colección de cartas y diarios que ella ha coordinado: “27 de septiembre. Un día en la vida de los hombres” (después de la buena acogida de su libro “27 de septiembre. Un día en la vida de las mujeres”, ambos en Ediciones Carena) y “No se lo digas a nadie”, una recopilación de cartas de mujeres, publicado en Ed. Demipage.

Ahora, su última obra publicada, "Interiores. Nueve monólogos al límite" (Ed. Alrevés), es también una recopilación de historias humanas relatadas en primera persona.

 

¿Qué tienen de bueno los diarios? ¿Cómo nos ayudan?

Para el que escribe un diario tiene de bueno aprender a reflexionar sobre su propia vida, mirar y escuchar lo cotidiano, registrarlo. Poner atención en los detalles que nos pasan desapercibidos. Es, a la vez, una construcción de identidad, del yo. Además, con los años, leerte es la única posibilidad de volver a escuchar una voz que sin duda ya has perdido. Y es recordarte.


 

¿Qué aporta a quien lee los diarios publicados?

Para el que lee un diario, propio o ajeno, tiene de bueno darse cuenta de que no no está solo en su vulnerabilidad, en sus temores, contradicciones y en sus logros.
 

¿Qué tiene de diferente un día en la vida de los hombres o en la de las mujeres?

Tiene de diferente que somos seres únicos, individuales, con un legado distinto pero, a la vez, tanto hombres como mujeres sufren temores parecidos y se sienten felices ante situaciones similares. Aunque la mujer es más íntima, en general, y más confidente, no me atrevo a confirmar que en estos dos libros que he coordinado ( 27 de sep. Un día en la vida de las mujeres. 27 de sep. Un día en la vida de los hombres), haya rasgos tan diferenciables para que pueda darme cuenta de una gran diferencia. En ambos el género es el diario y en este caso la actitud es la sinceridad ¿Son ellos sinceros, íntimos? Lo son a su manera, unos más y otros menos. ¿Y ellas, nosotras? Igual, unas más íntimas, otras más ocultas.
 

¿Qué tiene de igual?

De igual tienen la intendencia, ocuparse de los hijos, amanecer recordando el sueño, llorar a solas, reír con los colegas, esperar algo mejor de la vida y de uno mismo. Leen infinidad de libros, miran buen cine, se preocupan por el futuro laboral o simplemente por el futuro, ese tiempo inasible.
 

¿Qué tienen de bueno las cartas, la correspondencia epistolar?

La correspondencia continuada es un acto de amor, una novela romántica, dice Cristina Peri Rossi. Una confesión, una manera de decir en un lenguaje único aquello que no se puede decir cara a cara. Para mí la carta es un medio para resolver conflictos. Se resuelven con el otro si el otro está dispuesto, claro.


¿Nos valen los emails?

Si el email se escribe con la misma calma y actitud que la misiva, por supuesto que vale. A mí no me gustan tanto porque todo queda detrás de una pantalla, es intangible. La carta tiene cuerpo, es física. Y tiene un tempo y un ritual que merece que la guardes en un lugar destinado a las cartas. Para mí una carta es un regalo.
 

¿Qué diferencia un email (personal) de una carta?

La escritura manual y la espera. En nuestro libro No se lo cuentes a nadie algunas mujeres han escrito a mano y otras a ordenador. Creo que esta pregunta podría contestarla mejor el lector.
 

¿Se necesita una amiga, o un amigo, para escribir cartas?

Sí. Aunque no la envíes. También te puedes escribir a ti misma pero para eso ya tienes el diario. La carta es un acto comunicativo, es una conversación con el otro.



¿Qué tiene una carta que no tienen las conversaciones personales?

El silencio. La propia escucha. El tiempo para pensar lo que escribes. Hablar es inmediato. Escribir es un proceso, lento y cuidadoso (o esa es la intención). Escribir requiere de la pausa y la concentración. El esfuerzo que haces al querer comunicar lo que te ocurre con la máxima precisión posible no lo haces al hablar o es más difícil. En la carta puedes tachar, rectificar, reescribir.
 

Y viceversa: ¿qué tienen las conversaciones personales que no puedes transmitir en una carta?

La presencia física, los gestos, la sonrisa, la mirada. El calor. El tacto. Todos los sentidos.


 

Hay madres que regalan a sus hijas (o hijos) adolescentes una libreta para diario, con trampa. Los diarios, ¿siempre, siempre, deberían ser personales e inviolables?

Sí. Aunque dicen que nadie escribe para no ser leído, que todo escritor de diarios desea que alguien algún día le lea. Aunque sea un deseo inconsciente. Yo agradezco mucho que Anais Nin, Virgina Wolf, Crista Woof y John Cheever publicaran sus diarios. Son grandes libros. Grandes regalos para el lector.
 

¿Hay alguna circunstancia en la que una madre, lícitamente, podría leer el diario de su hija adolescente?

Supongo que ante la sospecha de que tu hija esté en peligro, es el único ejemplo que se me ocurre. Y a la vez habría que preguntarse por qué la hija o el hijo no lo ha comunicado. En todo caso si una madre o padre lee un diario nunca puede usar esa información en contra del chico o la chica. No puede reprocharle, enfadarse etc. Lo sensato sería reflexionar.
 

¿Qué cuentan las adolescentes en sus diarios que ni siquiera cuentan a su mejor amiga?

No lo sé. Yo escribía sobre mi sentimiento de soledad, mi pasión por la lectura y la incomprensión constante tanto en la escuela, con mis amigas y con mis padres. En el diario me esforzaba por ver qué era lo que me hacía sentir tan excluida del resto. No sé qué escriben ahora ellas. Muchas, o al menos mi hija y sus amigas, tienen buenas amigas y algo inusual en mi época, tienen grandes amigos. Veo cómo se quieren, se abrazan y se consuelan, a mí me cuenta lo que me corresponde ahora como madre. Es tentador leer un diario, claro. Mi madre leyó mis primeros tomos. No me supo mal, quizá yo deseaba que supiera algunas cosas ¿no? Pero a ella sí que le sentó mal y destruyó los tres. Ahora me gustaría poder leerlos, solo por el hecho de haber escrito tanto, ya valdrían la pena para mí.
 

¿Qué es lo que una mujer nunca contaría a nadie, ni siquiera a su diario?

Es una pregunta difícil. ¿Qué no contarías tú, Marié? Yo no escribiría en mi diario, por ejemplo… una infidelidad, para eso está la ficción. Sin embargo sí que lo contaría, sobre todo a mis amigas. Pero, vaya, no es precisamente mi tema, habría que preguntar a un grupo bien grande de mujeres para tener una idea más amplia.
 

¿Debería hacerlo? ¿Es importante contar las cosas, en especial las más secretas, de la manera que sea?

Debería hacerlo solo si lo necesita escribir. Pero yo creo que para eso está la ficción, ahí puedes sacarte todos los demonios. Cheever contó cosas muy dolorosas en su diario y pidió a su hijo “permiso” para publicarlo y que lo hiciera cuando él ya no estuviera vivo. Muy duro. Cheever necesitó hacerlo, sin duda. No puedes morirte en paz con tantos secretos.
 

¿Qué es lo que un hombre nunca contaría a nadie, ni siquiera a su diario?

Pues con el ejemplo que acabo de dar de este gran escritor norteamericano, no lo sé. Él lo contó todo. Para eso he coordinado el 27 de sep. Un día en la vida de los hombres. Cuando publiqué el de las mujeres un escritor nos criticó: ni un polvo, dijo. Bueno, le respondí, somos pudorosas, y él, muy grosero, continuó: No, es que no había nada que rascar. Ahora con el de los hombres, excepto un autor, sugiere que va a hacer el amor, y lo sugiere, es sutil. Pues eso, las relaciones más privadas son las que menos se cuentan en un diario o en las cartas. Ahora que escribo esto me doy cuenta de que en el libro No se lo cuentes a nadie, Cristina Peri Rossi sí habla del sexo, de lo maravilloso que es hacer el amor.
 

¿A qué ayuda, escribir lo inconfesable?

Escribir puede ayudar a mantener un cierto equilibrio entre lo de afuera y lo de dentro. ¿Para qué escribir algo que nunca contarías a nadie? Porque hay cosas, dice María Zambrano, que no pueden decirse y esas son precisamente las que se tienen que escribir.

 

La autora:



Esmeralda Berbel estudió Filología Hispánica y en la actualidad dirige cursos de creación literaria.


 

Los libros:


Interiores

Editorial Alrevés

 

El último libro de Esmeralda Berbel. ¿Te parece que mi vida es importante? Nueve monólogos, confidencias a corazón abierto de la vida cotidiana de personas al límite (todas lo somos), que nos ayudan a comprender mejor el mundo que nos rodea.





27 de septiembre. Un día en la vida de los hombres.

Ediciones Carena.
Así fue el 27 de septiembre de 2010 de: Pedro arraluki, Javier Valenzuela, Pablo toledo, Juan Terranova, Alfredo Taján, Jordi Soler, Chris Stewart, Shuarma, Aitor Quiney Urbieta, Oriol Porta, Javier Pérez Andújar, Edmundo Paz Soldán, Iván Morales, Jose María Merino, Miguel Martínez-Lage, Alberto Magnet, Ray Loriga, Jon Lee Anderson, Alejandro Lazo Vergara, Jordi Gracia, Marcos Giralt Torrente, Cesc Gay, Feliu Formosa, Eduard Fernández, Edgardo Dobry y Luis Alberto de Cuenca.
 


No se lo cuentes a nadie.

Ediciones Demipage.
Cartas de: Cristina Peri Rossi, Diana patricia Decker, Liliana Heker, Elena Bossi, Isabel Núñez, Elena Vilallonga, Esmeralda Berbel, Lydia Zimmermann, Alejandra Costamagna y Andrea Palet.














Entrevista realizada por: Marié Morales.



















 
Marié Morales
@crecejoven

En estas páginas nos proponemos investigar las causas del envejecimiento, que es como decir de la vida y el crecimiento, y a partir de ahí, establecer unas pautas que nos permitan vivir una vida más larga, sana, y en definitiva, feliz.  más >>








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